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Guaridas del narco

Debido a su ubicación estratégica, como punto medio entre el Puerto de Acapulco y el Estado de México, así como por sus bondades climatológicas, desde hace varios años, Morelos ha sido un lugar de descanso para diversos narcotraficantes, quienes han asentado sus bases de operaciones en el estado, principalmente en Cuernavaca.


Narcotraficantes como Rafael Aguilar Guajardo, Amado Carrillo Fuentes, mejor conocido como “El Señor de los Cielos”, líder del cártel de Juárez; José Esparragoza Moreno, “El Azul”; Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo Guzmán”, líder del cártel de Sinaloa; Arturo Beltrán Leyva, “El Barbas”, líder del cártel de los Beltrán, y el colombiano Harold Poveda Ortega, “El Conejo”, son algunos de los capos que han residido en distintas épocas en Morelos.
De acuerdo con especialistas en seguridad y abogados, la historia del narco en Morelos se remota a los años sesenta, con Sam Giancana, uno de los capos americanos que transportaba droga de México a Estados Unidos.
Posteriormente, entre los años ochentas y noventas, empresarios como Rafael Aguilar Guajardo, ligado con el cártel de Juárez, quien tenía su residencia en la Calle de La Luz, en la colonia Chapultepec, de Cuernavaca, utilizaron el apogeo de las discos para abrir un sinfín de negocios que eran utilizados para lavar dinero de las organizaciones delictivas.
Tras la muerte de Aguilar Guajardo, en 1993, narcotraficantes como Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, quien tenía una residencia en la calle Río Amacuzac esquina con Calzada de los Estrada, en la colonia Vista Hermosa, se asentaron en Cuernavaca; dicho sujeto desde aquí controlaba el trasiego de la droga en México, la cual transportaba en avionetas; de ahí el mote que lo hizo famoso.
Aunado a los grandes capos que se asentaron en Morelos, en esa época surgió uno de los más temidos secuestradores de México, el ex policía judicial Daniel Arizmendi López, “El Mochaorejas”, relacionado con más de 300 plagios en el estado.
Derivado de los múltiples secuestros que realizó “El Mochaorejas”, obtuvo fuertes cantidades de dinero que le permitieron hacerse de varias residencias; entre ellas, una ubicada en la calle Ontario, de la colonia Provincias de Canadá, y otra en la calle Ocotepec, de la colonia Maravillas, en donde escondía a sus víctimas y las torturaba.
A la muerte de “El Señor de los Cielos”, en 1997, y ya para 2004, José Esparragoza Moreno, “El Azul”, residió en Cuernavaca; algunas personas dicen que utilizó la casa que anteriormente era de Amado Carrillo Fuentes, otros señalan que tenía una hacienda en Miacatlán.
“El Azul” no permaneció mucho tiempo en Cuernavaca, citan algunos especialistas, pero durante su estancia en Morelos, dicen que ayudó Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo Guzmán”, quien durante unos años se refugió en el estado, hasta que rompió lazos con Arturo Beltrán Leyva, “El Barbas”.
“El Barbas” como era conocido, tenía varias residencias en el estado; entre ellas, una en el fraccionamiento Limoneros, en el poblado de Ahuatepec; así como en donde fue asesinado, en los edificios exclusivos Altitude; ambas en Cuernavaca.
Entre la gente de confianza que ayudó a los Beltrán Leyva a asentar sus dominios en Cuernavaca se encuentran Mario y José Alberto Pineda Villa, “El MP” y “El Borrado”, quien tenía una residencia en la avenida Teopanzolco esquina con Reforma, de la colonia Vista Hermosa.
Así como ellos, Ever Villafañe Martínez, “El Juancho”, “Granito” o “Samy”, nexo de los Beltrán Leyva con los cárteles de Colombia, quienes surtían de droga a dicha organización, tenía un rancho denominado “El Ensueño”, ubicado en la carretera Yautepec-Ticumán, en la colonia El Rocío, desde donde ayudaba a Arturo surtiéndole de la droga que se vendía en Morelos y otros estados.
A pesar de que actualmente no existe un cártel que domine el estado, la entidad sigue siendo la manzana de la discordia entre diversas organizaciones delictivas, quienes ven en Morelos una zona estratégica para asentar sus dominios, ingresar y distribuir desde aquí la droga al centro, sur y norte del país.


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