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Gran ceremonia

En compañía de sus padrinos, padres y familiares, estos pequeños recibieron el sacramento de la eucaristía; con bonitos vestidos, tocados y sotanas, se pararon frente al sacerdote para agradecer a Dios por permitirles vivir este día tan importante y por la familia y amigos con los que cuentan.
El sacerdote felicitó a los niños y, en conjunto con los invitados, pidieron por los demás pequeños del mundo, para que no pasen frío, hambre o soledad. Posteriormente, encendieron el cirio, que, en palabras del padre, significa que la luz de Cristo comenzó a brillar en cada uno de ellos.
Tomados de las manos con sus padrinos, los festejados rezaron el Padre Nuestro, para finalmente abrazarlos y agradecerles por ser un gran ejemplo de vida y por su gran corazón. Más tarde, las familias se dirigieron a diferentes puntos de la ciudad, a festejar con sus invitados.


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