Asimilar la pérdida de un ser querido no es fácil. Según distintas religiones y testimonios de los deudos, un deceso siempre duele y casi nadie se prepara para enfrentarlo; sin embargo, para quienes hacen de la muerte su negocio, cada difunto es una oportunidad.
Irónicamente vista como una actividad económica, la muerte es dadivosa y reparte ganancias monetarias a negocios funerarios, florerías, cementerios y a los que con el mármol o granito esculpen lápidas, cruces y accesorios para los lechos.
Como en la mayoría de los comercios, todos los empresarios están en competencia por los clientes, y el negocio de la muerte no es la excepción. La necesidad los obliga a ofrecer “paquetes” que varían de acuerdo a la capacidad económica de los clientes potenciales.
Por ejemplo: de una serie de datos y cifras que Diario de Morelos recopiló de varios comercios dedicados al giro funerario, se compararon precios y ofertas que varían desde los 5 mil 900 hasta los 14 mil 500 pesos, en un servicio económico de inhumación (entierro tradicional), que incluye un ataúd forrado de tela, traslado del cuerpo en carroza al panteón (desde una clínica o domicilio), sala de velación y los trámites de defunción ante el registro civil.
En lo que respecta a la cremación, la oferta más económica que se encontró por el servicio de horno, la urna y custodia en capilla, por un tiempo de 24 horas, fue de 7 mil 500 pesos; comparados con los 20 mil 200 pesos que cuesta en otra funeraria, que promete mejores instalaciones y calidad en el material del contenedor, además de café o té gratis durante el velorio.
Tal vez las flores y coronas que adornan y mitigan el dolor durante el funeral son lo más accesible. Durante el recorrido, en distintos negocios se observaron coronas chicas, medianas y grandes; de 500, 800, mil 200 y mil 500 pesos.
También arreglos de una vista con rosas blancas, crisantemos, gladiolas y alcatraces a 200 pesos cada uno. No obstante, algunos comerciantes recomiendan un paquete que incluye producto para dos floreros, 6 docenas de gladiolas, medio rollo de nube y el arreglo de la capilla por 500 pesos.
Pero hasta en la muerte hay estilos y niveles socioeconómicos. En contraste con las flores, un empleado de un negocio de mármoles y granito detalló que los pedestales, la cruz, lápida, floreros y los grabados en ambos materiales oscilan entre los 6 mil 500 y 12 mil pesos, “de acuerdo a lo que el cliente pida.
“Las letras (en la cruz o el libro) se cobran en 4 y 5 pesos cada una. Si se quiere todo por partes, una cruz cuesta mil 200 pesos; el pedestal de mármol y los floreros de mármol, 2 mil 500 pesos y mil pesos cada uno; o si quieren de imitación, son unos 400 pesos por cada uno.”Añade el comerciante: “La lápida completa de granito puede costar desde 6 mil 500 ya colocada, pero el mármol original se puede disparar a 10 mil o 12 mil pesos ya con un par de floreros, libro y cruz”.
Los “cuervos” o “coyotes”
El círculo en el negocio de la muerte es tan amplio como sus beneficios económicos. Los llamados “zopilotes” o “coyotes” lo saben. Son ellos lo que hacen de salas y pasillos de clínicas, hospitales y del Servicio Médico Forense (Semefo) su segundo hogar; siempre, carpeta en mano, asechan a los familiares de los caídos.
Vender ataúdes y servicios al mejor precio es su trabajo; ganan por comisión, y de los contratos que cierren depende la paga: a veces 200 o 400 pesos. Por ello, deben aprender a moverse rápido en el negocio.
Mariano González, agente de una funeraria local lo explica:“Primero debes analizar. Por eso nos dicen ‘zopilotes’ o ‘coyotes’.
Los ves llorando, te acercas, escuchas, y ya cuando se tranquilizan empiezan a decir: ‘ahora vamos a ver lo de la funeraria.’ ¡Y es a donde intervienes!”, refiere.
Según Mariano, en la mayoría de los casos el shock que priva a los probables clientes no los deja ir al siguiente paso, y es ahí donde ellos luchan para convencerlos.
“Ya te les acercas y te presentas, les dices: ‘Mire, yo pertenezco a esta funeraria, la cosa va a ser así y así.’ Yo le soluciono todo, trato de que el cliente no se preocupe por nada. Se fija el costo o presupuesto, y ya sobre eso empezamos a trabajar en lo que es el servicio”, añade.
No es un trabajo fácil. De acuerdo con el agente funerario, el desgaste que arrastran por las desveladas va en aumento, debido a que en ocasiones más de 10 funerarias compiten por el muerto.
“Una vez se juntaron 16 ‘cuervos’. Cuando esta funeraria inició, hace 18 ó 20 años, éramos seis negocios en toda Cuernavaca; y había mucho trabajo para nosotros; ahorita, creo que hay 28. No es fácil manejar un negocio de esto”, explica.
El dato no es descabellado. En su padrón de comercios registrados con el giro de servicios funerarios, la Dirección de Licencias de Funcionamiento del Ayuntamiento de Cuernavaca contabiliza 25 establecimientos en las delegaciones Lázaro Cárdenas, Benito Juárez,
Vicente Guerrero y Emiliano Zapata. Para ser un buen ‘cuervo’, Mariano afirma que se debe formar un criterio sólido y ser consciente de que aunque lo suyo es un negocio del cual depende su trabajo, no se puede actuar igual con un cliente adinerado que con otro de escasos recursos:“Te debes poner al nivel. Esto lo aprendes a zapes, regaños, fracasos y a derrotas en las que ves cómo te roban la vida, como los demás se llevan los cuerpos”, concluye.
Más del negocio, saqueo a panteones
El robo es general: cruces, imágenes, floreros, placas y letras de metal, son algunos de los objetos que según el coordinador del Panteón de la Paz, Juan Carlos Espinosa, y el encargado de despacho de la Dirección General de Panteones de Cuernavaca, Nicolás Hernández Jaimes, de 2009 a la fecha se han registrado en los mausoleos de la capital.
“El daño más fuerte que recordamos fue por ahí de octubre de 2009. Se metieron a robar en las tumbas, hicimos un operativo y agarramos un par de personas, pero los afectados no quisieron presentar cargos. Eso fue lo más fuerte; de ahí para acá sólo tenemos el robo de imágenes y las letras”, refiere el coordinador del Panteón de la Paz.
El responsable de los sepulcros de Cuernavaca añade: “Ahorita, en los últimos meses ha estado muy tranquilo en cuestiones de robo (…) Hay un poco de que se roban algunas placas de bronce que tenían el nombre de los difuntos; aunque es un material de poco valor, los familiares lo ven de otra manera”.
Ni en su lecho santo los difuntos descansan en paz. A su vez, las versiones de los responsables de los cementerios describen lo que para algunos es una realidad y para otros un mito, el cual narra que “algunos
comerciantes de flores y lápidas, primero venden y después roban o estropean los artículos de las tumbas para volver a negociarlas”.
Juan Carlos Espinosa revela que hay algo de cierto, “pues no está comprobado, pero no hay otra explicación: por ejemplo, algunas letras son de aluminio y las venden (…) En el caso de las flores, ahorita con el calor se echan a perder rápido; no es tanto que los que vendan las flores vayan y las saquen, sino que se llevan las canastas y la estructura de la corona para volverlas a ocupar”, apunta.
Hernández Jaimes descarta que ocurra en la actualidad el saqueo a las criptas. “Aquí no tenemos ningún caso de lo que se refiere. Ha estado controlado eso y es muy difícil que se haga. En algún tiempo tal vez se dio, pero no tanto de que rompieran las cosas de la tumba para que volvieran a comprar”, acota.
La muerte y el dinero destruyeron a la familia
En junio de 2012, la falta de dinero impedía a las familias del menor Víctor Alexis y de los hermanos Ceferino y Rodrigo Luna Martínez dar a éstos cristiana sepultura. Sin embargo, la hermana de los difuntos y su marido se endeudaron con 20 mil pesos y consiguieron un lote en el Panteón de la Colonia Lázaro Cárdenas, de Cuernavaca.
Hoy, el dinero que pagó como reparación del daño y que le valió para salir de la cárcel al ex servidor público del Gobierno del Estado, José Antonio Lechuga, es el mismo que creó diferencias y separó a los deudos de los que fallecieron atropellados cuando pedaleaban sus bicicletas por la autopista de regreso a casa, después de un día de trabajo.
María Luisa Luna, hermana de Ceferino y Rodrigo, da cuenta de ello: “Mi sobrina y mi cuñada lo recibieron (el dinero), pero ahora sí que ni lo que pedí prestado me dieron. Mi cuñada quedó de darme el dinero que se pidió prestado para sepultar a los familiares, pero no me dio nada, se hizo la enojada y jamás me habló”, refiere.
Según la mujer, con los 20 mil pesos pagó la tierra para los difuntos, compró flores y veladoras hasta donde le alcanzó. Luego del sepelio, dice que su marido se quebró una mano, ella se lastimó un pie y el abogado que litigó los casos les prestó para que liquidaran la deuda.
No obstante, insiste que el dinero inició las discordias. “Mi cuñada, la esposa de Ceferino, ya no me habló para nada. Ahora sí que yo entregué los papeles de la casa (de su hermano), ahí ya pusieron un portón en la calle para que no hubiera problemas; hicieron muchos desastres y mi cuñada ya se fue de ahí”, añade.
Hace un mes que terminaron de pagar el préstamo al abogado. Al final de todo, María Luisa asegura que el cambio de actitudes en su familia fue por el dinero. “Yo creo que es nada más lo que ellas querían. Mi cuñada recibió el dinero, cobró lo de la casa y se fue. A la de Ceferino le dieron 200 mil; a la de Rodrigo, 300 mil, y a mi nietecito, al papá del niño, le dieron 400 mil pesos”, concluye.
Tema bajada
Paquete económico
Paquete de lujo
Comentarios
Enviar un comentario nuevo