La corrida de toros o la “fiesta brava” consiste en lidiar las reses, tanto a pie como a caballo. Según el desempeño del ejemplar, el presidente de la corrida puede concederle el indulto y le perdona la vida para que regrese a los corrales como semental; o bien lo condena a la muerte con la estocada del matador. Parece una ceremonia de rutina, una simple práctica.
Sin embargo, para los que gustan de las corridas de toros, como el Mayoral Víctor Manuel Pasos Fernández, éstas ya forman parte de la costumbre y de la cultura mexicana. Él es hijo de padres españoles, pero de nacionalidad mexicana; desde hace 25 años vive en Morelos.
Dice que, en la entidad, el primer paso para establecer las corridas de toros se dio el 14 de julio de 2011, con la pre-inauguración de la Plaza de Toros de Alpuyeca, en el Rancho Agua Salada; ello, a pesar de que la sociedad morelense no se caracteriza por su afición a la fiesta taurina.
“La plaza de Agua Salada se construyó especialmente para los festejos taurinos. No se trata solamente de meter a la gente de Morelos en las corridas de toros, también a la gran cultura que gira en torno a la fiesta brava. En el estado hay muchas plazas, pero el 98 por ciento de ellas están destinadas para el jaripeo, eventos masivos y charreadas”, señala.
Víctor es el único mexicano que, tras concluir sus estudios en el Centro de Formación Agraria de Moraleja, en Cáceres, España, obtuvo el título de “Mayoral de Reses de Lidia”. La distinción lo acredita como especialista en el entorno, vida y crianza del toro de lidia.
No obstante, en la otra cara de la moneda se encuentran antitaurinos, ecologistas y activistas que luchan para prohibir el maltrato del hombre hacia los animales, en los circos o en las corridas de toros, por considerarlos actos que involucran la tortura y asesinato de un ser inocente.
“En este caso es sólo entretenimiento y ocio para la diversión de un grupo de personas enajenadas o inconscientes de sacrificar a un animal en esas condiciones de maltrato. Consideramos que es algo de los más ruin y cruel”, declara Enrique Gonsen, activista morelense.
Es por ello que, desde hace tiempo, los amantes de los toros y sus opositores saltaron al ruedo para defender a capa y espada sus posiciones; pero hasta el momento no han alcanzado un acuerdo.
En la discusión, sus razonamientos chocan uno contra el otro: una parte defiende el desarrollo de un espectáculo que parte desde la conservación y crianza del toro, hasta los trajes de luces y la intervención estricta de los participantes en la corrida.
Por ejemplo, Manuel Pasos refiere que en México algunos jinetes prefieren el traje de charro para torear a caballo, a pesar de que los vestuarios tradicionales europeos de los rejoneadores y toreros son al estilo de Luis XV, con el sombrero, la casaca larga con holanes, bordada en oro, y las botas federicas. O al estilo campero andaluz de España, con un sombrerillo cordobés, chaquetilla y pantalón de talle con botas camperas.
También hace una reseña sobre la historia que hay detrás de cada faena entre el hombre y la “bestia”.
“La fiesta de toros es un arte milenario. Puedo decir que la brecha entre el hombre y el toro es tan antigua como la misma civilización humana. No hay que olvidarse que muchas civilizaciones que hicieron las bases de la humanidad le rindieron culto al toro: obviamente, con el paso del tiempo esto se convirtió en un espectáculo técnico-artístico”, refiere.
Sin embargo, el arte va de la mano con la muerte. De acuerdo con el Mayoral de las Reses de Lidia, en el 99 por ciento de las corridas de toros la arena del ruedo se tiñe de sangre brava, pues sólo uno de cada 100 ejemplares que participan en la temporada se salva de la muerte.
“El porcentaje es muy bajo. De 100 toros, sólo se da un indulto, y a lo mejor estoy yendo lejos. Por ejemplo, la Plaza de Toros México da de 13 a 14 corridas; estamos hablando casi de 100 toros que se lidian por temporada. Hay algunas en las que no hay indultos, o en las que se ven uno o 2”, admite.
Y es que, para que un toro reciba el indulto, debe reunir ciertas características: “manifestar bravura, emotividad, recorrido, entre otras”.
Las cifras son reseña y confirman por qué, en la mayoría de las corridas, el matador sale en hombros, y el toro, a rastras con las mulillas, hacia el matadero.
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