Poco antes de morir, don Higinio Hernández sólo le pedía al Dios y al cielo le concedieran irse tranquilo y reunirse con su hijo fallecido. A decir de Modesta Sánchez, viuda de Hernández, su marido era el hombre fuerte de la casa y desde que era niño siempre fue querido por sus amigos; de cariño, en Ocotepec, lo conocían con el mote de “El Colgate”.
“Lo único que me llegó a pedir (don Higinio) es que, si él fallecía, quería irse con su hijo fallecido”, platica la mujer de 72 años de edad.
Este año, por primera ocasión, la familia Hernández Sánchez montó doble ofrenda: una para su hijo, muerto hace 44 años, y otra para don Higinio, su compañero de toda la vida, quien dejó de existir el 31 de marzo de 2012.
El dolor pasa, pero los buenos momentos nunca se olvidan. Doña Modesta no puede evitar que las lágrimas le broten cuando recuerda a su querido “Colgate”. Los recuerdos están presentes.
El cariño es evidente: en el arco que apostaron a la entrada de su vivienda y en un jarro de barro, que uno de sus hijos mandó hacer, se aprecia la leyenda y dedicatoria: “Bienvenido Colgate” y “Para mi jefe el Colgate”.
Al momento de su muerte, don Higinio contaba con 74 años de edad y una embolia que le paralizó el cuerpo durante ocho años. La enfermedad le impedía levantarse; sin embargo, nunca perdió el apetito ni el buen comer.
En la ofrenda, sus familiares le ofrecieron el tradicional mole verde y rojo, tamales, pan de muerto, sal, varias botellas de cerveza, frutas, un puñado de cigarros, tequila y hasta “panalitos”, un destilado de alcohol que, según sus familiares, también degustaba.
“Él comía de todo, últimamente hasta dulces. También le gustaban las gelatinas, pero no le pusimos para que no se aguaden. No tenía una comida en especial, pero el mole verde y rojo le gustaba mucho”, acota su esposa. i
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