Para Angélica Rodríguez Ramírez la maternidad no ha sido fácil. Ella es madre y padre al mismo tiempo. También enfermera, consejera social y la mejor amiga que ha tenido su hijo Irving, un pequeño de cinco años de edad que padece leucemia, síndrome de Down y que su corazón late al ritmo de un marcapasos.
“Sí, he tenido que suplantar esa figura y hacer una conmigo misma. Es difícil esa parte, porque el niño sabe que tiene a su papá y me pregunta: ‘¿Por qué no viene mi papá?’ Yo le digo que está trabajando, pero llega un momento que ya no te cree”, y es que Angélica cuenta que cuando el papá biológico de Irving supo de los males que aquejaban a su pequeño les dio la espalda y se fue de su casa.
Sin embargo, entre las 11 operaciones a las que se ha sometido el “niño guerrero”, como le dicen de cariño sus médicos de cabecera, Angélica le ha dado mayor valor a la concepción que para ella y muchas mujeres representa el hecho de ser madre.
“Es una satisfacción total el hecho de llegar cada noche y abrazarlo. De saber que me está esperando y que, cuando llego a la puerta, corre para abrazarme; ¡es muy lindo, es lo mejor que me ha pasado!”, exclama. Agrega: “Como madre es una bendición tener un hijo y sacarlo adelante, a pesar de todas las cargas que se nos han presentado. Le agradezco a Dios y a la Virgen de Guadalupe la fuerza que nos han dado para seguir adelante.”
Angélica dice que Irving es un ángel que con su sonrisa ha unido a su familia, pero que, sobre todo, les ha enseñado a descubrir nuevas virtudes. A ella no le interesa si su pequeño ensucia, tira cosas o brinca sobre las camas. Por la sangre que los une, ambos comprenden que no pueden desaprovechar los días para ser felices.
“Nosotros vivimos el hoy. El momento en el que estamos es el que importa. No hablamos del mañana, tampoco del pasado. Cuando estamos juntos nos disfrutamos y no nos preocupamos de lo que pase.
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