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En el ‘pabellón de la muerte’

Édgar Tamayo Arias. El migrante de Miacatlán tiene sobre sí la pena de muerte, pues es acusado de disparar un arma de fuego insólitamente, atado de las manos por la espalda; luego de haber sido detenido, revisado y colocado en la parte posterior de una patrulla. EU se niega a revisar el caso, como lo dispuso la Corte de La Haya.

CUERNAVACA, MORELOS. Hoy se festeja en la entidad al migrante morelense, pero los integrantes de la familia Tamayo Arias, de Miacatlán, no tienen una razón para celebrar. A ellos los invade la pena por la situación de su hijo Édgar, quien se encuentra preso en el Pabellón de la Muerte, en la ciudad de Houston, Texas, en los Estados Unidos de Norteamérica, acusado y sentenciado a muerte por el asesinato del policía Guy P. Gaddis.
Édgar también quiso vivir el “sueño americano”, y por ello emigró a la tierra del “Tío Sam”. Hoy, luego de 18 años de sufrimiento, desde que un juez le dictó la sentencia el 31 de enero de 1994, sus padres no pierden la esperanza de que sea absuelto. Piden a Dios que se termine la pesadilla y que su hijo recobre su libertad para que regrese vivo a México.
Sin embargo, para don Héctor Tamayo, padre de Édgar, la pena de muerte que enfrenta su hijo es una herida que no cicatriza por más que pasa el tiempo. Por todo lo que se ha dicho sobre el caso de su vástago, ahora desconfía de los medios de comunicación, sin importar que sean locales, nacionales o internacionales.
Así, con la voz entrecortada y desesperado, detrás de la rejilla y la puerta de acero que protegen la entrada de su hogar, en Miacatlán, se desahoga con Diario de Morelos.
“Dicen que lo atraparon por robo… ¿Cuál robo?, sólo estaba tomando en la calle. Llegaron las patrullas, y a mi hijo le pegaron hasta que le sangró un oído. Todo eso ya se dijo en las cortes. En un periódico dijeron que nos daban dinero, ¡y eso no es cierto!, nunca nos han dado nada, nunca me han ayudado, al contrario, ¡distorsionan lo que les digo!”, se queja.
El profesor de primaria no pierde la fe, confía en que en la fase final del juicio, la defensa de Édgar interponga una serie de recursos jurídicos que modifiquen la realidad, la cual indica que, en un par de años, las autoridades texanas podrían dar a conocer la fecha en la que le apliquen la inyección letal a Édgar.
“Está en la fase final (el juicio), pero todavía hay recursos. Mi esposa y mis hijos están allá (en Houston), se fueron desde marzo”, añade.
Conforme pasan los años, el cansancio aumenta para la familia Tamayo Arias. La situación de su hijo los ha divido físicamente por los viajes que deben realizar a la Unión Americana. “Ellos (su esposa e hijos) llegan y yo me voy, y así estamos…”, refiere.
Ahí, el dolor casi lo dobla, pero se contiene, respira hondo y se lleva las manos a los ojos y se limpia las lágrimas; no dice nada más que “Los Derechos Humanos nos dicen que no hay nada que hacer, que no hay ni un aval en su caso”.
No obstante, la esperanza de que su hijo, hoy de 45 años de edad, pise nuevamente el suelo morelense no se diluye, a pesar del más reciente revés que sufrieron, cuando la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos se negara a revisar el caso de Édgar, a pesar de que él y 50 mexicanos más sentenciados a muerte se encuentran amparados por un fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ).


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