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El repudio a los violadores en la cárcel

Apenas llegaba a la zona de “Ingreso” –relata el señor Héctor a Domingo Hernández, un tipo culto, profesionista, extraordinariamente inteligente, nuestro amigo informante- y realmente no sabía cómo estaban las cosas en una cárcel; jamás había estado en alguna y esperaba salir libre de manera inmediata.


Todos los días los reclusos esperaban los periódicos, principalmente los que destacan la nota roja. Una vez, salió en la portada de un diario, un tipo que había sido aprehendido por abuso sexual a dos niñas de 10 y 9 años, algo repudiado y penalizado, además de los jueces, por los reos que implantan su propio “parlamento” dentro de los reclusorios.
Al día siguiente, el despreciable sujeto ya estaba recluido. Un compañero interno me confió que  ya había pasado la noche entre nosotros, y a propósito pasé por su celda. Lo miré detenidamente, parecía divagar mentalmente. Le hablé y apenas movió la cabeza devolviendo la mirada, como escudriñando mi cuerpo, mente y alma. Balbuceó y me di cuenta que el tipo no estaba en sus cabales. Le hice algunas preguntas y respondió incoherencias; finalmente regresé a mi celda y me puse a leer un libro; al fin, es lo más sensato que puedes hacer en prisión. Instantes más tarde el compañero que me había informado de la llegada del tipejo volvió a mí para informarme que “la banda”  estaba golpeando al violador. Corrí hasta la celda de éste y me percaté que eran 6 o 7 sujetos que golpeaban inmisericorde al supuesto abusador…
--¡A ver, maldito, hazle a nosotros lo mismo que a las niñas! –gritaba uno de los agresores.
Otro de ellos lo jaló por los cabellos y lo azotó contra el muro golpeándolo en la nuca, al momento que otro le propinaba fuerte patada en el rostro.
--Cálmense, amigos, este hombre no está bien del cerebro…
--¡Tú qué te metes! –me gritó amenazante un tipo mal encarado, quien azuzaba a los demás.
--¡Fíjense bien! –les exigí y me dirigí al agredido.
--¿Verdad que también violaste a tu abuelita y a tu mamá?
--Sí, dijo, y asintió con la cabeza.
--¿Verdad que estás embarazado?
Nuevamente aceptó afirmando con la cabeza y todos soltaron la carcajada. Esto fue suficiente para que le dejaran de golpear. No fue tarde, a pesar que sangraba profusamente de boca y nariz. De inmediato acudí a una trabajadora social, le expliqué la situación. En respuesta, condujo al joven que apenas rebasaba los 21 años a una celda separada de la demás población. La empleada social me explicó que en ese momento no existía arma legal para pedir su traslado a una institución psiquiátrica y tendrían que pasar algunos meses para que eso ocurriera, o cuando el juez lo ordenara.


Pero aunque este hombre el presunto violador sea un demente o enfermo mental, violo a las niñas y eso qué? Qué le digan a los familiares de las niñas que esta loco y qué eso que? no repara el daño, aparte quién determinará su grado de demencia es un doctor psiquiatra no un interno por muy culto que sea. Y eso que el periodista se refiera con tanta familiaridad y hasta de amigos en relación a sus informantes en la prisión , no pues muy mal, nada objetivo su trabajo.
Pero aunque este hombre el presunto violador sea un demente o enfermo mental, violo a las niñas y eso qué? Qué le digan a los familiares de las niñas que esta loco y qué eso que? no repara el daño, aparte quién determinará su grado de demencia es un doctor psiquiatra no un interno por muy culto que sea. Y eso que el periodista se refiera con tanta familiaridad y hasta de amigos en relación a sus informantes en la prisión , no pues muy mal, nada objetivo su trabajo.

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