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Doña Carlota Zapata Sánchez : Llevó el apellido Zapata con mucho orgullo

La última. Fotografía del altar de Doña Carlota Zapata Sánchez, última hija de Emiliano Zapata; a la derecha, la entrevista con la nieta del general.

CUERNAVACA, MORELOS.- Es curioso cómo se dan algunas entrevistas, como ésta que hice hace unos días a la nieta de Zapata con ocasión del fallecimiento a causa de un infarto de su madre, doña Carlota Zapata Sánchez, última hija de Emiliano Zapata. Poco antes de enviar mi columna a la Sección Encuentros del DDM, el martes pasado para su publicación, suena el teléfono, lo descuelgo y escucho la voz del doctor Jorge Ganem Guerra que me pregunta: “Lya, ¿que estás haciendo?”. Y sin darme tiempo a responder, me urge con aprecio: “Vente ahorita mismo a la funeraria, están velando a Carlota Zapata y ya están por terminar los servicios fúnebres. Después va a ser muy difícil que entrevistes a sus familiares”.  
Colgamos, le doy el último click a mi columna, la envío y salgo a toda velocidad sintiendo la adrenalina a flor de piel, voy rumbo a la avenida Morelos Sur donde ya me esperan los fotógrafos que tomarían video y fotografías de esta conversación que en su primera parte salió publicada en este mismo diario.
Y es que un día antes, el 21 de abril a las 8:40 de la mañana había fallecido como consecuencia de un infarto doña Carlota Zapata, y estaban a punto de llevar sus restos a incinerar. Y a pesar de que en vida siempre rehuyó reflectores y protagonismos, fue despedida en la funeraria por gran parte de los integrantes de la familia de su padre, amigos y vecinos.
Una vez la trataron de entrevistar y cuando el reportero le preguntó dudoso si efectivamente era hija de Emiliano Zapata, se ofendió muchísimo y le respondió. “¿Usted cree que a mi edad –tenía alrededor de 86 años, 14 menos de los que contaba al morir- no voy a saber quién fue mi padre? ¿Qué usted joven no sabe quién fue el suyo? Porque yo el mío, sí”, todavía remató.
Esta anécdota la refiere su hija Verónica con quien converso, ambas sentadas a un lado de donde su madre yace tendida la que a pesar del momento que vive en una conocida funeraria de Cuernavaca, amable platica sobre algunos pasajes de la vida de su familia. Cerca, Edgar Castro Zapata, historiador y nieto de Mateo Zapata y por lo tanto bisnieto del general, acompaña estos momentos.
A mi pregunta de cómo fue la vida de su madre y abuela Agapita Sánchez, madre de tres hijos del general Zapata, durante la Revolución, la hija de Carlota y nieta de Agapita, Verónica Zapata, de 60 años de edad, me responde: “Si durante la Revolución fue dura la vida, el final de la contienda armada también lo fue. Mi abuela que rebasaba apenas los 20 años al morir Zapata, tenía ya tres pequeños hijos del general: Carlota que nació el 4 de noviembre de 1913, Elvira y Gerardo, en ese orden, los dos menores fallecieron hace muchos años. Así que se quedó con su mamá y luego de un tiempo, dejan Huitzilac y se trasladan a Cuautla donde viven varios años. Al cumplir mi madre 14, conoce a mi papá Evaristo Martínez que tenía ya 22 años y una panadería llamada “El Faro” en esa ciudad, aunque él era de Cuernavaca, nació en 1905 por los rumbos del Chapitel del Calvario.
“Se trasladan a casar a la parroquia que está en el mero centro de Huitzilac y regresan a vivir a Cuautla. Ya después deciden trasladarse a vivir a Cuernavaca donde se establecen en esta ciudad en la que mi padre continúa con su oficio de panadero.  
“Desde niños, a todos nos encantaba que mi padre Evaristo Martínez, nos platicara sobre las hazañas y grandeza de Emiliano, nuestro abuelo. Mi mamá mientras tanto nos preparaba a todos, calladita y reservada, de comer. Cocinaba riquísimo, la había enseñado su madre y su abuela. Y así, ya en Cuernavaca, fue aumentando la familia, fuimos 14 los hijos de Carlota Zapata y Evaristo Martínez, yo soy de las menores.
“Y déjeme decirle que a pesar de los silencios de mi madre Carlota, ella llevaba el apellido Zapata con mucho orgullo. Vivíamos en la calle Guerrero, en el centro de la ciudad y todos los vecinos sabían de quién fue hija, pero no por mi mamá sino por Evaristo mi padre. Y de la panadería de mi padre salió para cubrir todas las necesidades y carreras de todos. Mi madre, recordaba mucho a su mamá Agapita, la mujer de Zapata. Decía que desde que vivían en Huitzilac, le enseñó a cocinar muy bien. Hacía unos frijoles con bolitas de masa que eran riquísimos y su especialidad era el mole.
Por cierto, mi abuela Agapita falleció hará unos 50 años, en los años 60, siendo todavía relativamente joven, si tomamos en cuenta que había nacido en 1913”.
Estamos a punto de que entren los empleados de la funeraria por el ataúd. A un lado, sobre una pequeña mesa junto al ataúd, descansa un marco con la foto de doña Carlota rodeada de flores.
Los fotógrafos de DDM hacen su trabajo y filman y fotografían la entrevista. A pesar de las prisas, Verónica, continúa hablando de manera pausada acerca de su madre y de lo que recuerda de su abuela doña Agapita Sánchez, la mujer con una larga y preciosa mata de pelo negro que a los 16 años le robó el corazón al general Zapata.
El tiempo se cumple. Son las dos y llegan por el féretro de doña Carlota Zapata Sánchez. Al avanzar entre la gente todos los presentes, al unísono, prorrumpen en fuerte aplauso tal vez reconociendo así una vida digna y firme. Con su muerte  se cierra un capítulo histórico morelense, se acaba la primera generación de hijos de don Emiliano Zapata y dicen, que fue la que más se parecía a su padre, el general.


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