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De sicario a refugiado

El “Güerito” Ramiro tenía ganas de ser rico en poco tiempo sin trabajar, juntó a cinco o seis amigos, los “contrató” como sicarios y se puso a “cobrar piso” a comerciantes, entre los que se contaban algunas ferreterías y otros negocios de Jiutepec, a los que a algunos les cobraba hasta 10 mil pesos al mes. Aunque en ocasiones él prefería mantenerse en el anonimato, la rapacidad y avidez por mover con sus propias manos el dinero mal habido, lo llevó a la perdición; fue aprehendido y remitido al Cereso Morelos de Atlacholoaya.
Ahí parecía que todo iría bien, pero la estela que dejó tras él lo perseguiría por mucho tiempo. Una vez, relata “El Valedor”, comerciante del mercado “Adolfo López Mateos”, quien estuvo preso hace unos meses en ese penal: una señora estaba en el comedor de visita familiar con su hijo, que había sido detenido por homicidio, y al ver al “Güerito” pasar cerca de ellos, la señora levantó la voz y lo señaló con el índice.
¡Mira, hijo, ese desgraciado una vez me golpeó, me arrebató mi celular y me cobraba por dejarme trabajar en la fonda!
Señora, no se equivoque, se defendió el “Güerito”, a lo mejor me está confundiendo.
¡Chin…a tu m… maldito!, gritó la señora, si no estoy loca ni drogada como tú.
El hijo de la señora no se inmutó, pero antes de que el “Güerito” se retirara, lo sentenció.
“¡Hijo de toda tu p… m…, te voy a matar!”
Antes de salir del comedor, enfrentó otro reclamo de un señor, también de Jiutepec.
¡A ver si desde aquí también me cobras piso, hijo de toda tu p… m…!
Eso fue como un reguero de pólvora, en menos de una semana surgieron voces en contra de Ramiro. Muchos comerciantes que habían sufrido las extorsiones del mentado prisionero se enteraron que estaba en Atlacho y pagaban por ponerlo bajo tierra. Las autoridades del penal, sabiendo del riesgo que implicaba tenerlo en población, le permitieron trabajar en la cocina, en donde llegaría a las 6 de la mañana y saldría a las 8 de la noche, por lo que no tendría que pasar tiempo entre los reclusos, y lo metieron a “máxima seguridad”.
Una vez vi cómo pasó bañado en sangre, ¿quién le pegó?, él dijo que solito se cayó, pero parecía una caída de dos pisos de altura.
Sin embargo, al pasar a su celda escuchaba gritos de otras celdas que ya estaban con candado, “¡Estás viviendo horas extras, ‘Güerito’, hijo de nadie!”
Fue tal la zozobra del delincuente, que pidió que lo refugiaran en unas celdas que están debajo del edificio de “Conductas”, donde meten a los más desgraciados, a los que  matan por pasión, por quítame estas pajas, abajo hay unos cuartos donde no entra la luz del sol, sólo hay un foco y la humedad es horrible, ahí te puedes ir muriendo poco a poco, y el “Güerito” ya se miraba pálido, parecía que tenía paludismo, en verdad daba lástima, aparentaba un cadáver fresco. Una vez que hablé con él, me dijo que iba a aflojar una feria y que se iba a ir pronto, que no estaría mucho tiempo en esa maldita jaula; pero yo salí y, según me enteré, aún sigue en la galera debajo de “conductas”, dicen que habla con las ratas, que les da de comer y que son sus únicas amigas en la prisión.

No se pierda otra historia la próxima semana...


esto es poco para lo que esas ratas hace con las personas trabajadoras y honradas, por que cobrarle a alguien que trabaja todos los dias? arruinan vidas, ellos no se fijan ebn el daño que hacen a los ciudadanos mejor el gobierno deberia matarlos para que mantenerlos? y todavia los cuidan como si fueran unas palomitas........ por culpa de estas ratas morelos esta hecho un basurero ESPERO QUE EL GOBIERNO HAGA ALGO POR MI BELLO ESTADO

horasi pinche guerito, a pagar... haber si muy machito ahi adentro. eso se llama justicia divina, pero en verdad me gustaria que los afectados se la pudieran cobrar uno por uno pa que apredas maldito rata.

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