Siguenos en
    Redes Sociales

De política y cosas peores: ‘Eso no es nada’

Don Cálamo Cano y don Valetu di Nario, señores de edad más que madura, estaban en la banca del parque donde se reunían diariamente a platicar. Frente a ellos pasaba un gárrulo desfile de lindas chicas vestidas con brevísimos atuendos. Don Cálamo le dice en tono lamentoso a don Valetu: “¡Qué pena, amigo mío! ¡Las muchachas en plena revolución sexual, y nosotros ya sin rifle!”… Jactancio, hombre fatuo, fantoche, farolero y fanfarrón, llevó a su hijo más pequeño al zoológico. (De visita, claro). En el momento preciso en que llegaron al sitio donde se hallaba el elefante éste mostró con naturalidad selvática su paquidérmico atributo. “¿Qué es eso?” –preguntó el niño lleno de curiosidad. “Es el pene del elefante” –respondió Jactancio. Dice el chiquillo: “Cuando vine con mi mamá y le hice la misma pregunta ella me contestó: ‘Eso no es nada’”. “Lo que sucede, hijo –explicó con suficiencia el elato tipo-, es que tengo a tu madre muy mal acostumbrada”… Las mujeres son capaces de hacer cualquier cosa por despecho, y los hombres por dos pechos… El fiero toro de enhiesta y aguzada encornadura arrinconó al espantado ordeñador en el granero, y luego le preguntó a la vaca: “¿Éste fue el hombre que te agarró las tetas?”… Hacía mucho tiempo que no tenía yo dificultades con doña Tebaida Tridua, presidenta ad vitam interina de la Pía Sociedad de Sociedades Pías, organismo no gubernamental –pero con subsidio del gobierno- encargado de velar por la preservación y desarrollo sustentable de las buenas costumbres, y de las regulares. El cuento que viene al final de esta columnejilla, sin embargo, provocó en la ínclita señora un súbito episodio de exantema furfuráceo con erupción vesicular en cierta parte que por respeto a su calidad de dama no menciono. Por tal motivo las personas con amagos de moralina no deberían leer ese relato. Tampoco deben posar en él los ojos los individuos de mente tan abierta que todas las ideas se les salieron. Busquen mis cuatro lectores más abajo tan vitanda historia, y díganme si no hay motivos para pensar que es cierto eso de la decadencia de occidente… Igual que el Sol (el astro, no el periódico), la reforma fiscal no hace distinción de personas. Les pega por igual a los ricos, a los pobres y a los que no somos ni una cosa ni otra. Quizás esa reforma tendió a poner orden, pero la verdad es que traerá consigo gran desorden. Sucede que el Estado mexicano está adquiriendo ahora el carácter de absoluto. Esa palabra viene de “absolutum”, vocablo que en latín quiere decir suelto, desatado, libre. Un Estado absoluto es aquel que se siente absuelto de cumplir la ley, y piensa que ésta obliga sólo a los gobernados. Veamos un ejemplo. Si un particular priva a uno de sus trabajadores de una prestación que le había otorgado, se le viene el mundo encima: la autoridad laboral cae sobre él y le impone una serie de castigos por haber vulnerado el derecho del trabajador. Sin embargo el nuevo gobierno priva sin más ni más a los maestros de una prestación –el subsidio en el pago del ISR- que antes le había dado. Independientemente de la procedencia de esa homologación lo cierto es que ha provocado en el gremio magisterial una exasperación que encuentro justificada. Son peligrosos los cálculos que se hacen sólo en papel cuadriculado, sin considerar los efectos sociales y políticos que traerán consigo. Los maestros andan muy irritados -a mi juicio con razón, vuelvo a decirlo-, y de su enojo pueden derivar graves consecuencias. Es aplicable aquí el infantil proloquio según el cual “el que da y quita con el diablo se desquita”… Viene ahora el tremendo chascarrillo que arriba se anunció. Las personas asustadizas deben abstenerse de leerlo por elemental instinto de la supervivencia… Un joven acudió al local que se anunciaba como “hospital de lentes” y presentó los suyos, que se le habían roto en dos pedazos. Le preguntó el encargado: “¿Qué fue lo que hizo que se le partieran así sus anteojos?”. Respondió el muchacho: “Se me rompieron cuando estaba con mi novia”. “¿Cómo sucedió eso?” –se extrañó el otro. Explica con laconismo el joven: “Cerró las piernas”. (No le entendí)… FIN.


COMENTARIOS