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Conviven pueblo y visitantes en la cereada

Ofrendas. En algunos altares de muerto se acostumbra poner las prendas que usaba el difunto en vida.

La “cereada” en Ocotepec ilumina el camino de los difuntos nuevos. A decir de Ricardo Trinidad Dorantes, primer representante del barrio de “Tlanehuil” o de La Candelaria, las  velas que entregan visitantes y vecinos a los familiares del que falleció antes de la fiesta de San Lucas (18 de octubre) marca los hogares que esperan a sus difuntos por primera vez.
“La cereada nada más se otorga para los difuntos que vienen por primera vez. A todos los demás, sólo se les pone su ofrenda, pero ya no se les visita, ya no se les lleva cera. Todos los nuevos (muertos) de cada año, se les espera con la ofrenda nueva en su casa; ésa es la función de la cereada”, explica Ricardo.
Pero no toda la gente lo sabe. El representante del barrio refiere que aquellos que conocen la tradición tienen la oportunidad de comprar velas antes de llegar a las casas y depositarlas en las ofrendas nuevas.
“Los que nos visitan año tras año ya conocen la tradición, pero aquellos que llegan por primera vez y no saben cómo son las tradiciones aquí en Ocotepec, para el próximo año van pasando la voz y así muchos visitantes del año que viene ya están enterados”, añade.
En 2012, en el barrio de Trinidad contabilizaron 31 difuntos nuevos, y unos 61 en todo el pueblo de Ocotepec: 8 en el Barrio de Dolores, 10 en el de Santa Cruz y 12 en el Barrio de Los Ramos.
En lo que corresponde a su distrito, señala que 28 de los decesos fueron por muerte natural y 3 murieron asesinados o accidentados.
Eran jóvenes, “uno tenía 27 años, el otro, 19, y otro que desgraciadamente se ahorcó, tenía como 33 años. De los 28 restantes, 25 eran adultos y 3 menores; una niña recién nacida, una muchacha de 16 años y un joven de 18 años”, contabiliza.
En cuanto a la afluencia, Trinidad Dorantes estima que recibieron unas 5 mil personas, en comparación con las 7 o 10 mil que los visitaron en años anteriores.
Cuenta que para ellos es raro, porque están acostumbrados a que, sin importar la hora, en las noches del 1 y 2 de noviembre, las calles del poblado son “mares” de gente.
Sin embargo,  atribuye que la poca afluencia se debe al clima de inseguridad y violencia por el que atraviesan Ocotepec y el Estado de Morelos.
“Está un poco flojo, hay poca gente, pero desgraciadamente es por lo mismo que está pasando, no está llegando la gente, se quedan en casa; los del pueblo sí salen, pero los de fuera no llegan. En otros años, hemos recibido de 7 a 10 mil gentes. Ahorita habrá unos 5 mil”. No obstante, Trinidad confía en que el próximo año la situación mejore y reciban nuevos visitantes.
Ayer, en el poblado de Ocotepec concluyeron las cereadas y las festividades por el Día de Muertos, pero ya se preparan para el año que entra.


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