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Con peras y manzanas: Jóvenes de mente

En estos días de futbol, hasta los que no somos aficionados nos vemos envueltos en el tema. Justo esta semana, vi por unos minutos un programa sobre freestylers, esos jóvenes que hacen maravillas con el balón de futbol y que se reúnen periódicamente para hacer demostraciones públicas de su afición. Me maravilló la flexibilidad y agilidad que muestran en su juego de piernas y torso. Sin duda, un elemento muy importante para los deportistas profesionales y amateurs es su condición física, su flexibilidad, su fuerza y su coordinación motriz. De ahí la importancia de la juventud en la detección de talentos, pues todos sabemos que, con la edad, nuestros músculos y articulaciones van perdiendo rendimiento.
Un ingrediente fundamental en el mundo de la innovación es, sin duda, la flexibilidad mental. Es necesario tener la mente abierta y la capacidad para generar conceptos novedosos e interactuar con equipos multidisciplinarios, sin que el rigor del status quo estorbe. Afortunadamente para los que nos dedicamos a la gestión de innovación, estas características no dependen exclusivamente de la edad. Aunque es cierto, es más fácil encontrar mentes ágiles y flexibles entre los jóvenes, pues aún no se han contaminado con la fiebre “monodisciplinar” o con la “rutinariedad” que los años se encargan de fortalecer, esto no es característica exclusiva de un rango de edad. Así como hay quienes presumen de “juventud del corazón”, en la conformación de innovación requerimos juventud mental.
Esta semana, mi equipo de colaboradores visitó una muy interesante empresa de alta tecnología. El grupo incluía dos maestros en Ciencias, una ingeniera Bioquímica y dos licenciados en Ciencias. La experiencia fue muy enriquecedora por varias razones; la principal es que encontramos en este grupo de unidades de negocio tecnológicas, un aliado estratégico que complementa maravillosamente las capacidades de innovación regional que hemos detectado en estos años. Otra razón fue detectar el efecto que tiene el promedio de edad de este grupo particular, que está por debajo de los 28 años, en otros. Uno de los anfitriones incluso comentó, con incredulidad y asombro, sobre su juventud.
Estos jóvenes talentosos (o talentos jóvenes, como prefiero llamarlos) colaboran hombro con hombro con empresarios, tecnólogos y científicos en la detección de áreas de oportunidad en innovación y en el diseño, gestión y seguimiento de los proyectos que se derivan de esas oportunidades. Son corresponsables de haber conformado más de 50 proyectos de innovación tecnológica y, actualmente, le dan seguimiento a diez de ellos y son responsables directos de la ejecución de cuatro. Hemos logrado, como equipo, ser la primera Oficina de Transferencia de Conocimiento Independiente certificada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) en Morelos. Y, como he comentado en múltiples ocasiones, son el equipo de trabajo más competente, creativo y de alto rendimiento con el que he colaborado en mi trayectoria profesional. No todos en la empresa somos menores de 30; sin embargo, compartimos una característica clave: abordamos los temas de manera flexible, tolerante, incluyente, creativa y novedosa. ¡Juventud, divino tesoro!


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