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Casas que acumulan historias, I

Calle Morrow y Casa Mañana, en la década de 1930. Hoy famoso restaurante.

La Casa Olindo de Acapantzingo, popularmente se ha conocido como “Del Olindo” y “Del Olvido”, en todo caso, sería “De Olindo”. También se ha dicho, sin fundamentar, que el nombre viene de la evocación del personaje de Torcuato Tasso, que se enamoró de Safronía, pero no existe prueba ni relación alguna de ello. Olindo tampoco era para los amoríos de Maximiliano con La India Bonita. Este amor es ficticio.
En el año 2003, después de vernos en una boda en Lima, persuadido por mi primo Ángel Camino Lavín con el pretexto del Carnaval, viajamos juntos a Río de Janeiro, donde él reside. En tertulia con amigos cariocas, saboreando caipiriñas, me entero de la existencia de la ciudad de Olinda, y de facto la relaciono con Olindo de Acapantzingo, con el diario brasileño “O Globo” y con “O Rey Pelé”, y deduzco que es una palabra compuesta, y así me lo confirman en esa plática.
Hace unas semanas, en Cuernavaca, en plática con Salvador, hermano de Ángel, que vive en Sao Paulo desde hace casi cuarenta años, me confirma lo dicho y me amplía la información sobre esta paradisiaca ciudad, cuyo Centro Histórico es hoy Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad.
Apoyado en lo anterior, investigo que, en 1852, Maximiliano, aún soltero de 22 años, servía a la Armada de su país; viajaba en un buque que hizo parada en Portugal, donde se reencontró con su prima, la princesa Amelia de Portugal, hija del emperador Pedro I de Brasil y V Rey de Portugal con María Leopoldina de Austria. Maximiliano “se enamoró profundamente” de la princesa, con quien se comprometió a finales de ese año. Ella moriría en Europa de tuberculosis en febrero de 1853, antes de anunciar oficialmente su compromiso. Sus restos están en Río de Janeiro, donde visité su tumba. Esa pérdida pesaría a Maximiliano toda su vida, prueba de ello, es un anillo que contenía un rizo de la princesa que llevaba el emperador cuando fue fusilado en Querétaro, en junio de 1857. Antes de ser emperador de México, en el mismo 1853, Maximiliano fue a Brasil en su Fragata Imperial Isabel a visitar la casa de su amada Amelia. Fue por una temporada, donde estuvo con el emperador Pedro II, que pudo ser su cuñado; viendo la prosperidad del Brasil, y luego por las presiones de su suegro, el padre de Carlota, aceptaría después ser emperador de México.
Fundamentado en los hechos y en la semántica, llego a la conclusión de que tanto por el amor a su recordada Amelia, así como por el nombre mismo de la ciudad Olinda del Brasil, de belleza paradisiaca, nombre que viene de la expresión portuguesa O Linda, ciudad costera que visitó Maximiliano, fue de donde significativamente tomó el nombre del idioma de su amada para esta casa de Acapantzingo. “O lindo”, en español, significa “lo lindo”, la  “o” en portugués denota algo supremo, el nombre ya propio se une en una sola palabra. En julio de 1857, Maximiliano se casa por intereses familiares al convencer su hermano, el emperador Francisco José de Austria, rey de Hungría y de Bohemia, al padre de Carlota, Leopoldo I de Bélgica, entonces el rey más rico de Europa; el matrimonio con un Habsburgo aún sin ser emperador o rey, pero de la casa reinante más prestigiosa de Europa, convenció finalmente a Leopoldo, quien se oponía a ello. Esas relaciones matrimoniales nunca fueron buenas, Maximiliano se apartó de Carlota desde el principio, su amor fue siempre Amelia de Portugal.
Recordemos que los nombres de los lugares son puestos por alguna similitud con otro o en honor de algo o alguien, o por una característica natural ahí detectada. ¿Coincidencias? “Cuernavaca, su calor africano y su “lluvia brasileña” que da olor a tierra mojada, era el paraíso para los emperadores, les duró poco. Carlota salió de aquí y pocos meses después ya había perdido el juicio.”
Casa Mañana, el nombre viene de to-morrow [mañana], que se traduce también “para Morrow”, propiedad del embajador estadounidense Dwight D. Morrow, donde Elizabeth, su esposa, recibió a grandes pintores, entre ellos, Diego Rivera; a quien Morrow encargaría, en 1930, los murales del Palacio de Cortés; murales que reflejan la brutalidad de la conquista, pero también sus hazañas, fueron pintados por el comunista Rivera, pero los costeaba y promovía el millonario Morrow. En esta casa, René d’Arnoncourt, conde austriaco y en ese tiempo director del Museo de Arte Moderno de Nueva York, pintó “Una Vista panorámica de la muy bella y hermosa ciudad de Cuernavaca”.
El ya muy famoso Charles Lindbergh llegaba en su avión aterrizando en Lomas del Carril, sólo para visitar a su prometida Anne Morrow, de quien se enamoró en esa casa, era el año de 1928. Lindbergh había sido invitado a México por el millonario embajador Morrow, quizá con la idea de casarlo con su amada hija Anne, lo que se cumpliría (posteriormente sufrirían el secuestro y asesinato de su primogénito de 19 meses). En los años siguientes, la hija del embajador Morrow y sus amistades impusieron un nuevo gusto por Cuernavaca, cuando el Casino de la Selva era una casa de juego, toda una atracción para la high society nacional e internacional.
Morrow había logrado modificar, con el presidente Elías Calles, la legislación sobre los derechos petroleros de los estadounidenses en México, esto y más sucedió en casa Mañana, cuando Calles ejercía el maximito desde su Quinta Las Palmas, aquí en Cuernavaca.
La Casa Mañana fue bautizada así, ya que cuando se le preguntaba al maestro albañil encargado de la construcción de nombre Francisco Rebollo, cuándo estaría lista, o cuando terminaría algún detalle de ella, él contestaba invariablemente con el característico ingenio del mexicano: “tomorrow, para Morrow”. No contestaba “mañana”, como se ha escrito y dicho repetida y tradicionalmente, sino que lo hacía en el mezclado inglés que algo se le pegaba de sus patrones. Por tanto, el nombre es una traducción al español de la frase que simpáticamente decía Pancho, el arquitecto. “Casa mañana”, es el nombre ya traducido y puesto por la esposa del embajador cuando, al término de la construcción, se le buscó uno. Así, el origen es tomorrow y no mañana, en español.
 
Fuente; “FUNDACIÓN”. INÉDITO. Mismo autor; D.R. 2010, © 1001 pp. carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx
 
carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx


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