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Borra concreto antiguos pueblos y barrios

Con el paso de los años, la modernidad y el crecimiento de la mancha urbana han sepultado las divisiones geográficas de los pueblos y barrios antiguos de Cuernavaca; sin embargo, entre sus habitantes prevalecen las tradiciones, usos y costumbres, que se resisten a su extinción.

 

El fenómeno está a punto de exterminarlos, pero, escudados en sus tradiciones y costumbres, se niegan a desaparecer. Según cronistas morelenses, el crecimiento de la mancha urbana en Cuernavaca desapareció las divisiones geográficas y sepultó el territorio de los que hasta hoy se consideran 11 pueblos y 2 barrios tradicionales de la ciudad.
“Quizá va a llegar un momento en que los extermine físicamente. Que sólo quede la capilla como único reconocimiento del pueblo, pero, mientras las costumbres no desaparezcan, mientras este sentido de pertenencia no desaparezca, seguirán siendo los 12 pueblos de Cuauhnáhuac”, refiere el cronista Víctor Cinta Flores.
Aunque el cronista asegura que son 12 los poblados, de acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Morelos, Cuernavaca tiene 2 barrios: La Estación de Ferrocarril, en los Patios de la Estación, y los Ojos de Agua de Gualupita, en la delegación Benito Juárez; además de 11 pueblos tradicionales.
Santa María Ahuatitlán, San Salvador Ocotepec, San Nicolás Ahuatepec, Los Reyes Tetela del Monte, Santuario de Los Milagros de Tlaltenango, San Jerónimo Cocotzingo, San Antonio San Antón, San Miguel Acapantzingo, San Juan Chapultepec, San Lorenzo Chamilpa y San Luis Amatitlán.
Son pueblos, no colonias. A pesar de que el INAH y los historiadores los reconocen como los poblados que formaron a la ciudad, el historiador Víctor Cinta dice que se les debe regresar su peso histórico como pueblos, y no confundirlos con colonias.
“No son colonias. Los pueblos son pueblos por decreto. Lo que sucede es que ya en la urbanización, en la carta nueva, quedan comprendidos dentro de colonias. Por ejemplo, el pueblo de San Antón queda comprendido en la colonia Jesús H. Preciado”, agrega.
Dice que lo mismo ocurre con el pueblo de San Antón, el cual ahora integra a varias colonias de Cuernavaca, como la Carolina y Chula Vista, “todo lo que está enfrente del Salto Chico, el Salto Mediano, el Salto Grande, Zacatierra, corresponde al Pueblo de San Antón”, añade.    
El cronista tiene razón. A pesar de que la urbanidad consumió a los pueblos y ahora son parte de alguna colonia, los descendientes de los que nacieron o vivieron en las poblaciones defienden sus raíces y tradiciones. Uno de ellos es Juan Gómez, hijo de uno de los mayordomos que organizan las festividades en honor al patrón de Acapantzingo, San Miguel Arcángel.
“Estamos a 5 minutos de Cuernavaca y la mancha urbana nos sigue comiendo, pero nuestro pueblo sigue en pie; y éste es el pueblo de Acapantzingo. No es colonia. Acapantzingo todavía tiene sus usos y costumbres como pueblo. Un ejemplo es esta fiesta que sigue recordando sus tradiciones”, señala.
Pero no basta con el culto al patrón de la espada divina. Ahí no termina la fiesta. Para el 2 de noviembre ya contemplan la visita al panteón por el Día de Muertos.
El 13 de noviembre, el festejo sigue en San Diego. De ahí regresan a Gualupita el 12 de diciembre; y, esperan con ansias para que del 15 al 29 de mayo celebren la fiesta de los campesinos ejidatarios de Acapantzingo.
Cuernavaca crece y se desarrolla, a su paso desaparece viejas construcciones, campos verdes o árboles antiguos, y, en este sentido, el presidente del Consejo de Cronistas de Cuernavaca, Valentín López González, se atreve a señalar que los barrios ya no existen porque la urbanidad los absorbió y los adhirió al municipio de Cuernavaca.
“Prácticamente todas las ciudades tienen un crecimiento y una urbanización que los va absorbiendo. Es un fenómeno que ocurre en todas partes del mundo y que absorbe a las pequeñas poblaciones. Los barrios ya no existen”, afirma.
Como ejemplo, el cronista expone que, en la esquina que forman las calles de Leyva con Bocanegra, en el Centro de Cuernavaca, la zona era conocida como el barrio de Santo Cristo, y que existían varias huertas de árboles frutales; sin embargo, hoy todo está cubierto por asfalto y poblado de residencias que forman parte de la colonia Centro.
“Cuando era chico, ir a Acapantzingo, estaba lejos. Significaba ir a otro pueblo porque todos estaban fuera de Cuernavaca. Recuerdo que toda la calle de Leyva eran huertas de guayabas, cajinicuiles, zapotes y también de ciruelas; prácticamente estábamos en las orillas de la ciudad”, relata.
A la tesis de los historiadores se suma Juan José Landa, también cronista de Cuernavaca. El refiere que aunque todavía son identificables, geográficamente ya desaparecieron los barrios. Como también ya no existen las huertas de guayabas por las que Cuernavaca fue famosa en la República Mexicana; también a las que se les debe el mote de “guayabos” a los cuernavacenses.
“No es por puntada. Hablo de mediados del siglo XX hacia atrás cuando Cuernavaca fue muy famosa por la fruta y llegó a ser la principal productora de guayaba a nivel nacional por un tiempo. De ahí viene el término de ´guayaberos´”, dice.
Pero nuevamente el crecimiento urbano fue responsable de que sólo el apodo le haya quedado a los morelenses; pues, con la inauguración de la autopista Miguel Alemán, en 1952, cambió el uso de suelo, y desde entonces los campesinos iniciaron la venta de sus tierras y cambio de actividades.
“Los dueños comenzaron a vender y cambió el uso de suelo, y desde ahí se convirtieron en inmuebles hasta la fecha. Cuando se inauguró (la autopista) fue un parteaguas para Cuernavaca, sobre todo en bienes raíces. La gente que se dedicaba a la cosecha de las frutas no estaba constituida como una unidad de producción”.
Así, aquella Cuernavaca que los historiadores rememoran como un territorio de tradición por sus pueblos y barrios, en los cuales los pobladores basaban su economía en huertas de guayabas, ciruelas, mangos, pomarrosas y zapotes, hoy, la gente como Juan Gómez lucha por mantener vivo el recuerdo de sus tradiciones y su identidad, para que no se pierdan en la historia.


Lo mismo pasará con lo que queda de Tepoztlán si se construye la ampliación de la autopista a cuatro carriles. Los especuladores, tranzas y taficantes de influencias de bienes raíces se frotan las manos. ADIOS AL PUEBLO DE TEPOZTLÁN!!!

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