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Bajo la lupa: Se están pasando

Después de la cruda que me dejó la Liguilla, quiero compartir con usted algunas reflexiones, sobre todo en cuanto hace al papel que desempeñan los señores entrenadores de futbol de la primera división. Considero que, en algunos casos, se están extralimitando en sus funciones y nadie parece preocuparse por poner un hasta aquí.
Parece una obligación, para empezar, el permanecer de pie dentro del área técnica. Yo veo partidos de la Liga Premier, la alemana, la francesa e incluso la española donde los técnicos están muy sentaditos y solo se levantan para dar alguna instrucción muy precisa. Aquí el vocero de la televisión en cancha los acusa con el público: “Fulanito no se ha parado ni una
sola vez”.
Durante muchos años, los entrenadores de futbol reclamaron su derecho a dirigir desde la banca. El argumento central era que el balompié era el único deporte donde el estratega no podía dar instrucciones desde la orilla del terreno de juego. Razonable petición, a fe mía; el problema es que han abusado de esa facultad y en algunos casos, cada vez más, parecen más preocupados en dirigir al cuerpo arbitral que a su propio equipo.
Se han convertido en actores, cuyo escenario es el área técnica. He escuchado a cronistas de televisión y radio decir: “A zutanito hay que ponerle una cámara especial, para que lo siga todo el partido porque es un show aparte”. ¡Por Dios!, ahora resulta que la gente paga su boleto por ir a ver las payasadas del entrenador. Me doy.
Se ha caído en la exageración. La mayoría de los técnicos, sobre todo cuando su equipo juega de local, se pasan el partido gesticulando, manoteando, pataleando, insultando, sobre todo cuando sienten la presencia de una cámara de televisión. Se entiende la mucha presión a la que están sometidos pero creo que los hemos convertido en las estrellas del juego y ese espacio está reservado, guste o no, para el jugador de futbol.
El peor trabajo, luego de aquel que consiste en limpiar la caseta de un equipo de beisbol luego de nueve entradas, es la del cuarto árbitro en un partido de futbol. Es la “ventanilla de quejas” y basta que el juez central sancione algo que no sea del agrado del estratega en turno para que se levante y vaya a poner como lazo de marrano al hombre sentado en el banquillo. Y lo peor, es que es de los dos lados. El nazareno de reserva acaba el juego como palo de gallinero, todo zurrado.
Los directivos de la LigaMx deberían intervenir para lograr lo que se hizo en Inglaterra hace algunos años: Un pacto de civilidad entre los propios socios, es decir, los dueños de los equipos, para disciplinar a sus directores técnicos. Entendieron que esa forma grotesca de actuar en la cancha, prende fácilmente a los seguidores y puede generar violencia. De las declaraciones ofensivas contra los árbitros, ni hablamos, allá son multones y suspensiones.
Los señores árbitros también deben colaborar siendo intransigentes con la indisciplina y la majadería generalizada proveniente del banquillo. A la tercer expulsión de un entrenador, su propia directiva le jalará las orejas y le recordará que lo contrató para estar en la cancha, no en la tribuna.

“El problema es que han abusado de esa facultad y en algunos casos, cada vez más, parecen más preocupados en dirigir al cuerpo arbitral que a su propio equipo.  Se han convertido en actores, cuyo escenario es el área técnica.”


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