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Bajo la lupa: Retar a la autoridad

Ya es una realidad el joven Fernando Guerrero. Arrancó su carrera en la Primera División como una promesa y pronto se cayó. Luego, empezó a hacerle al vivo e incluso se le colgó el milagrito de que con él sólo los locales ganaban. Parece haber encontrado un estilo propio que consiste en dejar correr el juego. Hace 15 días hizo un estupendo trabajo en el Atlas ante Guadalajara y asegundó con el “Clásico joven”, América vs Cruz Azul.
El sábado supo lidiar con un partido sumamente disputado, ríspido por momentos y en el que a los jugadores del América les salió su lado cavernícola. Amonestó a tiempo y con justicia, sobre todo a Rubens Sambueza, a quién como dijo José Alfredo Jiménez, nada le han enseñado los años. Un par de amarillas en la meritita frontera con la roja, una a Gerardo Torrado y otra a Miguel Layún no alcanzan para demeritar su trabajo.
Impecable en las expulsiones. El tal “Rifle” Andrés Andrade ha resultado una pistola de fulminantes. Entró muy “salivudo” y fue amonestado aun cuando su ademán bien pudo interpretarse como una mentada de madre. A la siguiente entró como chivo en cristalería y ahora sí miró la cartulina encarnada. Si a alguien hay que reclamarle, es la locochón chamaco.
El caso Sambueza es como para que nos lo explique un siquiatra. Cierto es que se trata de un muy buen jugador, de raza y temperamento, con una forma de disputar el balón rasposa e intensa. También lo es que le zumban una buena cantidad de patadas pero de ahí a que se la pase provocando a rivales y retando al árbitro, media una distancia considerable.
Ya estando amonestado, le pega un empujón a Mauro Formica y el juez sólo amonesta al cruzazulino; se mete a retar a Christian Giménez y el sancionado con el cartón preventivo es el “chaco”. Ya llevaba dos y cuando el central marca correctamente un saque de meta favorable a la “Máquina”, azota el balón en señal de protesta y Guerrero lo manda, con toda corrección, a las regaderas.
Sin embargo, resulta inexplicable que no se haya percatado de la agresión que Aquivaldo Mosquera cometió sobre la persona de Joao Rojas. En plena calentura e impotencia azulcremas, el capitán perdió los bártulos y aprovechando el saltó, pisó en forma inmisericorde el rostro de su oponente. Todo esto ocurrió ante los ojos del asistente Alberto Morín, quién no se dio por aludido.
Preocupante debe ser la situación de la disciplina para el alto mando de las Águilas. Personalmente dudo que jugar al límite del reglamento sea una orden que provenga del vestidor. Antonio Mohamed es un técnico que gusta que sus equipos sean aguerridos pero no malintencionados. Si no toman cartas en el asunto, no creo que puedan llegar muy lejos en este campeonato.
El riesgo de dirigir como lo hace Fernando Guerrero, es que el jugador en el futbol mexicano no está acostumbrado a que se deje correr el juego e inmediatamente quiere desquitarse, con frecuencia de mala leche.


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