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Bajo la lupa: Los perdedores

Ha quedado definida la gran final del torneo mexicano y se antoja un verdadero agarrón entre el campeón defensor, las “Águilas” del América y los “Panzas Verdes” del León. Sin embargo, me gustaría comentar con usted, amable lector, las causas que considero dejaron fuera a sus oponentes, a saber, Toluca y Santos.
En el caso de los rojos del estado de México no se puede soslayar que las lesiones le rompieron el esquema a José Saturnino Cardozo en la serie ante los azulcremas. No fue un asunto menor perder a Wilson Tiago, quién es el fiel de la balanza del funcionamiento escarlata y al chavo Oscar Rojas, atacado a mansalva por Rubens Sambueza, sin que al delantero aguilucho le mostraran la segunda amarilla en el juego de ida.
Dicho lo anterior, creo que el entrenador paraguayo equivocó la táctica al atacar desde su trinchera al arbitraje. Siempre que un líder le echa la culpa, sobre todo de antemano, a los silbantes, viene una especie de relajación y desconcentración al interior del grupo. “Total, si pierdo, la bronca se la lleva el árbitro”, deben pensar los jugadores, independientemente de que es una cobardía acusar sin pruebas.
José manifestó que lo dijo para defender su trabajo y a la institución que representa. Pues que bonita manera de proteger tu chamba, echándole basura a la de otros. ¿Y su directiva?, bien, gracias, permitiendo enlodar a un gremio que suele no defenderse de los ataques.
Pero habría que preguntarle al señor Cardozo el por qué pone de central al más chaparro de sus defensores como lo es Fausto Pinto; la razón por la que Antonio Ríos, también de escasa talla, marcó a Aquivaldo Mosquera y a Jesús Molina en los goles americanistas del fin de semana; si es lógico que Sinha entre a repartir candela o si no se enteró que el equipo que mejor ensaya la táctica fija es precisamente el cuadro de Coapa.
Cardozo dijo que el arbitraje le quitaba el sueño. Eliminado, podrá dormir a sus anchas.
El otro caso es el Santos. Pedro Caixinha está a punto de engrosar la fila de los técnicos “capaces” que no ganan un solo título. En la final de la “Concachampions” le sacaron el partido en Monterrey y ahora, Gustavo Matosas le dio la clase sin cobrarla.
La defensa lagunera es eso, un verdadero pantano; Osvaldo ha visto pasar sus mejores años y Oribe Peralta, antes serio y disciplinado, está convertido en un peleonero de callejón, provocador e ineficiente, pese a su enorme calidad.
Además, Don Pedro se cree el “guapo de la película”. Ya no hay partido donde no se rete con su contraparte aunque solo sea de palabra y se maten a pañuelazos. La directiva santista debería de recordarle la grandeza de la institución y ponerle freno a sus bravuconadas.
En fin, que la final sea un gran espectáculo y que tanto diablos como santos, estén de regreso para júbilo de sus espectadores y del futbol nacional.


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