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Bajo la lupa: De atletas

Hace muchas lunas, la familia Brizio Carter se mudó a vivir del Distrito Federal a la hermosa “perla de occidente”, de donde era originario mi padre, Don Arturo Brizio Ponce de León. Mi hermano Eduardo y un servidor fuimos matriculados en una escuela de paga, dependiente de los padres salesianos, que se llamaba “Colegio Anáhuac Chapalita”, donde solo pudimos cursar un año dado que las circunstancias no le fueron del todo favorables a nuestro progenitor y hubo que regresar a la capital pero, sin lugar a dudas, la estancia en esa institución educativa fue de las temporadas más felices de mi vida.
En ese tiempo le íbamos a las “Chivas” y el titular de mi curso, tercero de primaria, el señor Trujillo, ofreció como premio al equipo que mejores notas sacara en el primer semestre, una visita a Colomos, donde entrenaba el “campeonísimo” Guadalajara.
Total que mi grupo fue el “ganón” y ahí vamos una soleada mañana a presenciar la práctica del equipo de mis amores, porque debo relatar que algunos de los que andaban en la excursión, le iban al Oro, al Atlas y no faltó quién dijera que sus afectos eran para el pequeño cuadro del Nacional.
Nos sentaron en la tribuna y empezó el calentamiento. Una marmota se movía más que nuestros ídolos. Uno y dos y tres, levantaban los brazos y luego las piernas, todo en cámara lenta, luego jugaron un interescuadras donde nadie le entraba duro al oponente y terminaron con una ligerísima práctica de tiro al arco y ejecución de penales para luego dirigirse a los vestuarios para tomar la ducha y un ¿merecido? descanso.
Con los años, ya instalados en el D.F., hicimos amistad con los Nájera, quienes eran hijos de don Pedro, jugador retirado que había defendido los colores del América y de la Selección Nacional y que ahora fungía como preparador físico del cuadro de Coapa.
Un buen día nos invitaron a Eduardo y a mí al entrenamiento. ¡Qué diferencia! La parte física duró más de una hora a gran intensidad para luego dar paso a un interescuadras que parecía una guerra. Las entradas eran a matar y los titulares ganaban apenitas a unos suplentes que mostraban más hambre que piojo de peluca. Con base en esa preparación, el América era el gran equipo a principios de los 70.
La evolución en este tema no ha parado y para muestra está el portentoso gol que el galés Gareth Bale le anotó al Barsa en la Final de la “Copa
del Rey”.
La forma de picar, de recibir a pie firme la falta del adversario que, incluso, lo sacó del terreno de juego, sacarle cinco metros al defensor para luego encarar al arquero y meterle el balón entre las piernas, habla de lo que el futbolista moderno debe de reunir.
Mi duda es si entre los seleccionados mexicanos que van al Mundial encontraremos algo así, porque el futbol de hoy es, indudablemente…De atletas.


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