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Bajo la lupa: Campeones

Hace aproximadamente 28 años pisé por primera vez suelo sonorense. Mi viaje a su capital, Hermosillo, obedecía a asuntos totalmente personales, ya que iba, ni más ni menos, que a pedir la mano de mi novia.
Todavía era árbitro de futbol y mi prometida me había alertado que por esos lares la gente no tenía la menor idea de lo que se trataba el balompié y solo se hablaba de beisbol.
Por ello, grande fue mi sorpresa al recibir saludos de maleteros, empleados de arrendadoras de autos, taxistas y el público en general que fui saludando en el aeropuerto “General Ignacio Pesqueira” de esa pujante ciudad.
Me alojé en el hotel “Gándara” y al día siguiente, me presenté muy formal a la famosa “pedida”. En esas épocas mi familia pasaba por un difícil trance debido a la intervención quirúrgica a que debía someterse una de mis hermanas, por lo que el protocolo debía cumplirlo solito y mi alma.
De la que sería con el tiempo mi familia política conocía yo a dos personas: Mi cuñada Silvia y la sobrina de nombre Vanessa. A los demás los miré por primera vez aquella negra noche de mi mal y eran como una horda donde cabían los suegros, las hermanas, el concuño, primos, tíos, sobrinos y uno que otro gorrón, todos unidos por la curiosidad de conocer al “chilango” que se quería casar con la Armidita.
El tema es que, en algún momento de la larga tertulia, se empezó a hablar del “rey de los deportes” y a mi futuro suegro le llamó la atención lo mucho que yo le entendía al jueguetito ese. Le conté que, sin haberlo jugado, me apasionaba desde chiquillo, (“buki”, dicen allá) y desde entonces lo miraba, asistía al parque de pelota con cierta regularidad y conocía a los equipos de la liga mexicana, los cuadros de la “gran carpa” y, para su sorpresa, a los clubes de la Liga del Pacífico.
Por ese entonces no tenía franela favorita en la Liga Invernal pero a partir de mi primera incursión en el viejo parque “Héctor Espino”, me volví naranjero forever.
Desde entonces, no hay diciembre que visite Hermosillo para que junto a mi familia, vayamos a ver al cuadro representativo de la ciudad, admirar a las bellezas que al parque de pelota concurren y a degustar una buena cantidad de chelas bien heladas, pese al frío generalmente reinante.
Por ello, me dio muchísimo gusto y un gran orgullo la coronación que el plantel dirigido por Matías Carrillo pudo lograr en la serie del Caribe jugada en Isla Margarita, Venezuela.
El representativo mexicano repitió la hazaña de los Yaquis de Ciudad Obregón lograda hace un año precisamente en Hermosillo.
De besibol se habla poco en los medios de comunicación. Todo lo acapara un futbol más bien mediocre. Nuestros peloteros suelen triunfar y a gran nivel en las grandes Ligas. Ojalá la televisión emprendiera un rescate serio de este hermoso deporte. ¡Vivan los campeones!


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