Siguenos en
    

Bajo la lupa: ¿Qué nos pasa?

En Acapulco, Guerrero, un comando armado y cubierto con capuchas asaltó una casa de descanso, en exclusiva zona del puerto, violando a varias turistas de nacionalidad española y lesionando a los hombres que ahí se encontraban. El alcalde del otrora paradisíaco destino declaró que ese tipo de cosas, “pasan en todos lados”.
En la Ciudad de México, alumnos del Colegio de Ciencias y Humanidades, dependiente de la UNAM, mantienen tomadas sus instalaciones en protesta porque se quiere incorporar al plan de estudios la materia de inglés y la obligación de llevar un método de educación física. Argumentan que esas son “ideas mandadas por el Fondo Monetario Internacional”.
En mi querida Cuernavaca, policías municipales atacaron un convoy donde viajaba el recién nombrado procurador de justicia, atentando contra su vida y privando de la misma a tres de sus escoltas. Los familiares de los detenidos se manifiestan afirmando que “en la legítima defensa, no hay culpabilidad”.
En México, según cifras dadas a conocer por la Asociación Mexicana de Bancos de Alimentos, se destruyen más de cuatro millones de toneladas de alimentos al año, las cuales evidentemente podrían aliviar en gran medida la escasez y ayudar en la “Cruzada nacional contra el hambre”, que tiene por objeto mejorar la calidad de vida de siete millones de compatriotas que viven en pobreza extrema. Sea por ignorancia o por egoísmo, esa brutal cantidad de comida termina en la basura, lo que constituye una barbaridad.
En Europa se ha puesto al descubierto una impresionante red de corrupción, cuya sede parece estar en algún lugar de Asia, con el fin de amañar los resultados de encuentros de futbol para favorecer a apostadores.
Las investigaciones apuntan a encuentros de Liga, eliminatorias para la Copa del Mundo e incluso, juegos de la Champions, siendo en apariencia el balompié más enlodado el alemán, lo que hace válido el dicho de “caras vemos, corazones (y mañas) no sabemos”.
Ante tal descubrimiento y en lugar de indignarse o, por lo menos, sorprenderse, el presidente de la FIFA, el suizo Joseph Blatter, minimizó el hecho y afirmó que “el deporte es tan grande, que no tendrá problema para superar este escollo”.
Obviamente, ante tal desmesura, el consejo de asesores creado por el propio Blatter, se le ha ido a la yugular diciéndole que no se haga güey y que le entre al toro.
Quizá don Pepe le tenga miedo a que las pesquisas lleguen hasta su oficina, ya que en días pasados hubo otra denuncia, la cual afirma que miembros prominentes del comité ejecutivo del máximo organismo rector del balompié mundial, habrían vendido su voto para otorgarle el Mundial 2022 a Qatar.
La verdad, ante tales (y otras muchas) malas noticias, me veo en la necesidad de preguntar: ¿Qué nos pasa?

apbcarter_1@hotmail.com


COMENTARIOS