Ella, mejor que nadie, sabe cómo combinar un buen taco acorazado o una quesadilla con un litigio. Flor Patricio López es abogada en sus tiempos libres, pero la venta de antojitos mexicanos es su verdadera convicción.
Sobre la banqueta del Hospital General “Dr. José G. Parres” de Cuernavaca, la mujer se aposta con su anafre, un par de mesas, una hielera y dos vitroleros de agua fresca. Las tortas son de jamón, pierna de pollo o milanesa; las quesadillas, de pollo, queso y champiñones, y los tacos, del guisado que se prefiera: chicharrón, milanesa, huevo hervido y en salsa verde, entre otros.
Eso es por las mañanas. Pero, por las tardes, cuelga el delantal, apaga el anafre y cambia las cucharas por los expedientes y un maletín.
En entrevista con DDM, la mujer platica que las injusticias sociales, como acoso y represión de inspectores del Ayuntamiento de Cuernavaca, la motivaron a llenarse de los conocimientos jurídicos y poner su servicio al alcance de los demás.
En la charla, recuerda que, tiempo atrás, la situación fue difícil para sus compañeros comerciantes, quienes discutían las cuotas y permisos con empleados municipales que no se conformaban con el taco, la torta o el refresco: “Querían botellas de vino y cosas de oro; entonces, iniciábamos el año con drogas fuertes, pero no nos quedaba de otra: a diario les dábamos 100 o 150 pesos”.
A decir de Flor, eso ya pasó. Dice que los conocimientos adquiridos los impulsaron a promover amparos y, así, reunir los requisitos necesarios para trabajar en la vía pública.
Para sus amigos, la mujer es un ejemplo de que cuando se quiere y se tienen las ganas, nada es imposible. No se conforma. A pesar de que tiene una carrera en Derecho, su verdadero empleo es la venta de tacos acorazados y antojitos mexicanos. Del negocio, que inició hace más de 20 años, dependen su familia y 6 empleados.
“Soy abogada y litigo en mis ratos libres. Pero, gracias a Dios mi negocio me da para todo y es algo estable”.
No todo ha sido miel sobre hojuelas en la vida de Flor y su familia. Al bienestar del que gozan le anteceden preocupaciones y momentos difíciles por una desgracia familiar que ocurrió hace casi 20 años.
Siendo el pilar de su familia, su esposo se accidentó y se rompió la tibia y el peroné. “Estuvo 25 días internado en el hospital de Cuernavaca y en todo ese tiempo yo no tenía empleo. Mi hija apenas tenía 3 años y por eso tuve que buscar un trabajo”.
Ante la situación, debía actuar pronto; por eso, no tuvo más opción que enfrentar la adversidad, y sin pensarlo más, se plantó afuera del “Parres” con dos botes de plástico: uno con agua de jamaica, y el otro, con tortas de jamón.
Sin embargo, aprendió a amar a Dios en tierra ajena, por las represalias que sufren los que se dedican al comercio ambulante. “Comencé con un bote de agua y unas tortas, pero el Ayuntamiento me correteaba a cada rato y me quitaba las cosas”, platica.
Tras la recuperación de su marido, él siguió en la carpintería, pero, por la abundancia que vio, ella ya no quiso dejar el negocio. Ha pasado el tiempo y, por motivos de salud, el esposo de Flor ya no se dedica a la elaboración de muebles. Así, por acuerdo mutuo, los roles en sus actividades se han invertido.
“Vivimos del negocio. Él cocina y se dedica a parte de la casa, y yo me dedico a vender. Es el acuerdo que tenemos como matrimonio”
“No es fácil para mí, como mujer, ni para él, como hombre, porque a veces, por el hecho de sentirse hombres, algunos sienten que deben llevar la delantera en todo; pero, gracias a Dios, nos adaptamos y ahora trabajamos como familia”.
Flor vivió en la casa hogar de Nuestros Pequeños Hermanos durante 20 años. Ahí estudió la primaria, secundaria y preparatoria y aprendió a cocinar. Después, encontró empleo en la cocina del Centro Cultural México, donde le pagaban 150 pesos a la semana.
No obstante, sus ansias de superación le ayudaron a enfrentar y vencer las distintas crisis familiares y económicas. Como pocos comerciantes informales, Flor puede presumir que es abogada y que no depende de su carrera. A ello, le suma que ya tiene planes de iniciar una maestría en Derecho.
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