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‘Una trae el don’

Por generaciones. Heredera de los conocimientos de cinco generaciones, doña Lupe es la única partera en Santa Catarina.

Cuernavaca, MORELOS.- Doña Lupe, como se la conoce en el poblado de Santa Catarina, en Tepoztlán, no titubea cuando afirma que tiene el don de ayudar a traer niños al mundo: “Yo digo que uno ya trae un don”.
Pertenece a una estirpe de parteras, de quienes heredó el conocimiento de cinco generaciones, de una actividad que en Santa Catarina amenaza acabarse con ella.
“Mi mamá fue partera, su mamá, su abuelita, su bisabuelita; ella, y yo que quedé”,  cuenta con nostalgia y orgullo.
“Ya me dijeron que si mi hija quiere, se puede capacitar, porque casi todas las señoras fallecieron, ya soy la única. La otra, doña Eutiquia, está enfermita, tiene 95 años”.
Ser partera “es un don, porque al curar no me duelen los brazos, ni nada, y otras dicen que, con poquito, todo les duele”.
Felipa Guadalupe Gómez Sevilla, doña Lupe, no trae a los niños al mundo propiamente, pero sus conocimientos son de mucha ayuda para que nazcan bien; para que no mueran por un “empacho”.
Su suerte quedó echada cuando, apenas con 18 años, la repentina muerte de su madre la obligó a seguir la tradición.
“Trajeron un niño chiquitito muy flaquito; me dijeron: ¡Cúrelo usted, que está bien enfermito! ¡Cúrelo! El niño ya estuvo en el hospital tres meses y nada, y ahora me mandaron por acá con usted, como ya no vive su mamá, ahora usted. Me mandó el médico; usted atiéndalo”, recuerda.
Recuerda que trató de rehusarse; tenía miedo, pero cargaba con el peso de la tradición familiar, y tomó la alternativa de iniciarse, con advertencias: “pero no vaya a decir que yo algo le hice, porque el niño viene bien delgadito”.
“Lo empecé a curar, se durmió un rato y como después de una hora, ya pidió de comer. Tenía el empacho pegado, estaba chiquito, por eso no quería meter mano. Ahora es un joven y ya es papá; trae a sus hijos”, platica con orgullo.

El acomodo de niños
En 2013, atendió unos 60 casos, entre empachos y acomodo de niños. “A veces vienen atravesados los chamaquitos; esto es con la sobada, por eso digo que trae uno el don, porque con la mano uno lo siente, quien no lo tiene no lo siente”.
Esa es una práctica exclusiva de las ahora llamadas médicas tradicionales por los SSM,  y muestra: “mi nuera se fue a atender al centro de salud de Huitzilac  y la ginecóloga le dijo: no te vayas a dejar atender por las parteras. -¿Por qué?, pregunté. –Porque no, respondió. Entonces le pregunté, cuando estaba haciendo el ultrasonido, ¿qué va a ser, niña o niño? -No se deja ver, respondió. Yo sí sé qué viene, es niño. Yo, al tentarlo, sé, y le voy acomodando al niño”, explica.
Finalmente la doctora se disculpó por el comentario.
Y describe, “uno los acomoda, el niño tiene más fuerza no se deja mover, y la niña menos; la niña es como una bolita.

“Aliviarse” con partera
Doña Lupe tuvo a su hija con la ayuda de una partera, su mamá. “Yo veía como atendía mi mamá muy bonito. No le pega a uno frío. Es diferente con el doctor. Aquí es diferente, es casero, porque la calientan a una con las hierbas. Ponen un bracero, la lumbre a un lado de donde se va a aliviar la persona. Ya cuando se calentó todo, la mujer se acuesta y empieza el parto.
“Al terminar, la partera soba el estómago, faja el vientre y al otro día la mujer se baña y como si nada.

Ayuda para concebir
La partera no sólo apoya en el embarazo y el alumbramiento, también las puede ayudar a concebir.
Testigos dan cuenta de cómo, después de que una de sus pacientes intentó embarazarse con un proceso de inseminación artificial, lo logró finalmente después de que la sobó y le “acomodó” la matriz.
“La muchacha que vino ya se había hecho la inseminación, y no pudo tener familia, pero aquí vino y a los dos meses se embarazó”, dijo doña Lupe.


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