Conclusión
Para escribir de don Sergio Méndez Arceo en el Concilio Vaticano II (1962-1965) hace falta mucha tinta. Sólo comentaré que llegó con fama de obispo progresista e inteligencia brillante. En Roma, se encuentra con viejos amigos, ahora obispos como él.
Tuve la suerte de viajar con él a Roma para la última Sesión Conciliar (1965). Don Sergio madrugaba para ir al Centro de Información del Concilio y palpar el ambiente antes de entrar al Aula Conciliar. Al salir, conversaba con sus amigos periodistas. Políglota, leía diarios en varios idiomas. Visitaba a los teólogos europeos y latinoamericanos. Por la noche oraba, escribía sus intervenciones conciliares y se preparaba para la sesión siguiente. A la par, en la diócesis de Cuernavaca nacen las primeras Comunidades Eclesiales de Base en 1967. Y comienza su participación pastoral con estudiantes en la época de Gustavo Díaz Ordaz. En diciembre del 69 visitará a los “presos políticos del 68”, en la antigua cárcel de Lecumberri. Se hace amigo de Heberto Castillo, del escritor José Revueltas y del militante Gilberto Rincón Gallardo.
En los años 70-72, hace suyas las causas de los sindicatos independientes de CIVAC y resiste los embates cetemistas de don Fidel Velázquez. Le piden su mediación patrones de CIVAC en los conflictos con obreros; don Sergio les responde: “No soy juez, sino parte”, aludiendo a que siempre estará de parte de los obreros. En Medellín, Colombia (1968), nace la Teología de la Liberación, entendida en el sentido del pedagogo brasileño Paulo Freyre: “La concientización de 'los de abajo' por medio de la educación de los oprimidos”. Influido por el movimiento latinoamericano “Cristianos por el Socialismo”, declara el 17 de julio de 1970 ante los universitarios de la UAP (Universidad Autónoma de Puebla) que el futuro de América Latina será “el socialismo democrático con rostro humano”.
La década de los 70 se recuerda por los gobiernos militares en Centro y Suramérica. Cada domingo, el obispo recibe en su catedral a cientos de exiliados de las dictaduras de Chile, Argentina, Uruguay, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. El viernes santo -17 de abril de 1981-, como “contribución a la paz pública en México”, don Sergio promulga el “Decreto de Excomunión para los torturadores del Estado de Morelos”. Después de cumplir los 75 años de edad entrega la diócesis al VIII obispo, su sucesor, don Juan Jesús Posadas Ocampo (15 de marzo de 1983) . En el funeral de don Sergio (8 de febrero 1992) fue aclamado por católicos y líderes de la izquierda latinoamericana como “el obispo al lado de los pobres”. Hicieron guardia de honor en la Catedral de Cuernavaca, entre otros, el entonces gobernador Antonio Riva Palacio López y el alcalde Alfonso Sandoval Camuñas, ambos del PRI, rodeado de coronas enviadas por Fidel Castro y demás comandantes centroamericanos. Ése era don Sergio.
Correo del autor: lbucio@live.com.mx
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