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¿Dónde está la estatua de Morelos?

CUERNAVACA, MORELOS. Mientras que la ciudad de Cuernavaca se experimenta, por las fechas que se avecinan, como un contexto en el que se anhela la fiesta en paz, el trayecto que une la metrópoli con nuestro estado se ha convertido en el foco de atención de cientos de personas que se preguntan por el destino de la escultura ecuestre del General José María Morelos y Pavón, ubicada en el km. 48 más 600 de la carretera federal, desaparecida hace unos días.  Las declaraciones oficiales señalan que la pieza sí fue atacada por vándalos y advierten que será restaurada para ser repuesta en su lugar.
La escultura ha cumplido siempre con una función social: siendo discurso visual, los contenidos simbólicos, identitarios, territoriales o políticos que logra transmitir se convierten en detonadores de juicios de valor y de actitudes comunitarias normalmente positivas; no obstante, los tiempos que corren demuestran, asimismo, cómo los juicios de valor estético han dado paso a consideraciones mezquinas y reprobables, basadas en el valor comercial del bronce, materia prima de muchas de las esculturas urbanas que decoran las ciudades del país.
De acuerdo con la investigadora y curadora María Estela Duarte, quien prepara para junio de 2013 la muestra titulada “Épica y Gloria Monumental: Ernesto Tamariz 1904-1988” para el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, “este acto de vandalismo reporta un grave daño al patrimonio artístico de la nación porque Tamariz, originario de Villa de Acatzingo, Puebla, es uno de los escultores más importantes de la historia del arte moderno mexicano”. La especialista, desde 1987, en lo que se ha dado en llamar Escuela Mexicana de Escultura, añade que “a pesar de que es el escultor más alejado en inspiración precolombina, porque sus formas son clásicas, lo que importa es el contenido y el espíritu del nacionalismo que logra transmitir a los espectadores de sus piezas. Él fue un escultor que trabajó muchísimo, fueron 60 años de vida productiva, pensando en los valores plásticos como transmisores de valores cívicos y estéticos. Manejó el orgullo del héroe como nadie, su obra deja ver las nociones de enjundia, valor, identidad propia; y todo esto lo logra sin copiar modelos físicos, lo interesante es que los desarrolla en la imaginación, logrando que al final uno se crea al héroe, su señoría, la grandeza del espíritu noble que se torna ejemplar y lo hace a partir del manejo gestual, las actitudes, la fortaleza de la expresión, los movimientos de los paños, el dominio del material, la composición monumental. Sus piezas no son frías, a pesar de que se trata de estatuaria oficial. Tamariz es un autor al que hay que reconsiderar como uno de los pilares del imaginario colectivo, porque logró dejar monumentos en todo el país, siendo el más destacado el Monumento a los Niños Héroes ubicado en Chapultepec desde 1952.”
Como sucede con los grandes artistas, su trayectoria no solamente abarca la gesta histórica, sino que además produjo escultura funeraria y religiosa de primerísima calidad. Trabajó la talla en madera y también fue pintor, incluso ganó el primer premio, en 1926, del proyecto para unos murales titulados “Apuntalando la mina”, expuestos con bombo y platillo en el Palacio de Minería (los murales finalmente no se pintaron).
También fue caricaturista, pero la vida lo definió como escultor de encargos, dedicando gran parte de su vida a cumplir patrocinios del estado y de la iglesia. Hizo el Zapata de pie que se encuentra en Cuautla y que se distingue por portar una capa larga y estar frente a una mazorca; las Puertas de la Suprema Corte de Justicia, el Altar Mayor de la Catedral Metropolitana en tecali; la Virgen de Guadalupe para la Iglesia de Lourdes en Francia; la escultura monumental del Papa Juan Pablo II en la Basílica de Guadalupe, algunas piezas para el Instituto Mexicano del Seguro Social, el Xiconténcatl de Tlaxcala, el Allende en mármol para hornacina de la Casa Allende en San Miguel de Allende, Guanajuato; y las esculturas ecuestres de Miguel Hidalgo, Mariano Jiménez e Ignacio Allende, similares a la hoy desaparecida del General Morelos, ubicadas en el Monte de las Cruces, en el Estado de México, para las cuáles habría que tomar las previsiones necesarias para que no sufran actos de vandalismo como sucedió en este caso, pues ni siquiera se encuentran a pie de la carretera, como éste.
Ernesto Tamariz no tuvo en vida una exposición retrospectiva porque se la pasó trabajando para mantener a sus 6 hijos, pero sí participó en varias muestras colectivas. El presidente Miguel de la Madrid le prometió, y no le cumplió, la publicación de una monografía dedicada a su obra. Esto consta en los archivos del escultor, en los cuales actualmente trabajan 3 investigadores, bajo la supervisión de la señora Duarte y 2 de sus hijos; el objetivo es dar a conocer la gran cantidad de piezas públicas que elaboró, piezas que hoy son referentes urbanos. En dicho archivo se encuentra la autobiografía que escribió, un texto confesional y anecdótico digno de publicación, porque además de recrear el contexto artístico que vivió, cuenta anécdotas sobre su proceso creativo, como aquella que habla de cómo yendo rumbo a su taller, vio las flamas de una fábrica de vidrio, y eso lo llevó a crear la columnata flamígera que sirve de base a los Niños Héroes, ubicada en Chapultepec.
 
La historia de la pieza
Según los documentos que consulté para este reportaje especial de DDM, la pieza hoy desaparecida se la encargó el gobernador Lauro Ortega Martínez, junto con otras 7 obras, el 27 de junio de 1985. El costo del trabajo ascendía a 31 millones de pesos, más 9 millones por concepto de la fundición a la cera perdida, en el Taller Escultura y Fundición Maldonado. Además, Tamariz le ofreció un Morelos a pie que no sabemos si se hizo o no, el Zapata para Cuautla de 6 metros a pie y otras piezas. El tiempo de entrega estimado era de 13 meses, no obstante, debido a las dificultades técnicas implicadas en la elaboración de la pieza y pese a la ayuda de Artemio Silva y su hijo Eduardo Tamariz, la obra no estuvo a tiempo, impidiéndole a Don Lauro inaugurarla el 30 de septiembre, como estaba planeado.  Este retraso le causó gran molestia y por ello le mandó una carta al artista, el 16 de octubre del mismo año, increpándolo a presentar la obra en un nuevo plazo estipulado por él, so pena de cancelarle los contratos.
Lo que vale la pena destacar de este pasaje de la historia del arte morelense es lo que Tamariz le contesto a Don Lauro; en su misiva, escrita a máquina el 20 de octubre, le dice que en materia de arte las especificaciones de los expedientes salen sobrando, que la realidad es diferente, que las obras de arte no son productos de una industria, que en su elaboración se multiplican los problemas artísticos, que el modelo de plastilina tiene que satisfacer plenamente al escultor y que aun cuando se alargue el plazo de entrega, primero está la calidad artística.
Añade: “¿Qué importa si una escultura monumental se retrasa en su develación unos días, si va a ser admirada durante cientos de años, por muchas generaciones de personas? ¿Qué se debe preferir, ejecutar un “marmarracho” en tres meses, por cumplir un plazo corto exigido en un papel o realizar una obra de arte que represente a un Héroe en toda su dignidad y gallardía y durante siglos sea admirada recordando elogiosamente el nombre del autor y el estadista que la mandó construir? Con estas obras no hay que coartar la libertad del artista creador.
“Me apena mucho su amenaza de castigarme económicamente si no cumplo en el tiempo especificado, pues eso me obliga a que mi mejor obra, el Morelos a caballo, la ejecute de prisa, y mal, y no pueda superar con creces el “morelote” que con razón detesta usted. Estoy trabajando al máximo de tiempo, le ruego me deje trabajar en libertad de acción y esté usted seguro de que cumpliré como es debido”.
Tales declaraciones sirven para dar cuenta de que nuestro estado es depositario de obras de incalculable valor artístico e histórico. Eduardo Tamariz, hijo del célebre escultor, quien asistió a su padre durante la elaboración de esta pieza, está dispuesto a colaborar para que la muestra retrospectiva cumpla parte de su itinerancia en tierras morelenses.
Creo que las autoridades responsables del proyecto de restauración de esta pieza, supuestamente resguardada por CAPUFE, deben acercarse a él, pues además de ser el experto en la obra de su padre, cuenta con la maqueta a escala en yeso, en su taller, ubicado en la col. Guadalupe Insurgentes de la Ciudad de México.

"Lo que le ocurrió a la estatua es un acto de vandalismo, pero al mismo tiempo es un acto de comunicación social, en un contexto en el que ya no se valora la creatividad humana sino el valor comercial del material con que está hecha la obra."
María Helena Noval, investigadora y crítica de arte

"Este acto de vandalismo reporta un grave daño al patrimonio artístico de la nación porque Tamariz, originario de Villa de Acatzingo, Puebla, es uno de los escultores más importantes de la historia del arte moderno mexicano."

María Estela Duarte, investigadora y curadora


Bien documentado, aunque un poco extenso.

Felicidades!!

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