Diario de Morelos
Copa Morelos 2016

¡Qué regrese!

El domingo pasado, Luego de ver la fastuosa ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos, me dispuse a presenciar el partido de futbol entre el Guadalajara y el Morelia.

Con el típico sentimiento de nostalgia que la finalización de un evento tan importante trae aparejado, nada deseo más que retomar mi vida normal.
El hermoso estadio de las Chivas mostraba una entrada pobre, escasa y con un público apático y poco participativo. Comprensible hasta cierto punto, ya que la marcha del equipo en el actual torneo no ha sido como para decir: ¡Uy, que ganas de ir al estadio!
Total que el juez José Alfredo Peñaloza dio el silbatazo inicial y lo primero que vieron mis azorados ojitos fue como un jugador de Monarcas levantaba medio kilo de pasto en un despeje. La cosa no paró ahí, ya que cada barrida o disputa seria por el balón, se llevaba metros cuadrados del césped que recién había sido sembrado.
Para que usted me entienda, amable lector, la cancha del “Omnilife” parecía aserrín de pulquería, que a cada paso se arrastra. Increíble que con los altos estándares de calidad que pregona la nueva Liga MX, se permita al cuadro tapatío jugar en un terreno de juego deplorable y que, además, pone en peligro la integridad física de los jugadores.
La pregunta sería: ¿Quién autorizó la utilización de esa cancha? Porque no creo que los ingenieros que la diseñaron sean tan necios o ignorantes para saber que ese pasto tiernito se iba a levantar con todo y raíces, para que, en complicidad con la lluvia, que ha caído a bofetadas en la “Perla tapatía”, dejaran el campo convertido en un potrero.
La realidad es que la directiva del Guadalajara, visceral como siempre, ordenó que se jugara el partido en esas condiciones, contraviniendo las indicaciones de los expertos. En lugar de dar el tiempo de maduración al césped; tomando como alternativa el jugar en el estadio “Jalisco”, prefirieron la localía, perjudicando el espectáculo.
Fue tan triste ver el estado en que quedó la cancha, que más de uno pensamos: ¡Que regrese!, sí, el pasto artificial con el que fue planeado este inmueble, y que, por obra y gracia del Mesías holandés Johan Cruyff, fue cambiado por una superficie natural.
El tema va más allá de lo lindo de un terreno de juego o incluso de apreciaciones de índole ecológicas. El más perjudicado con una cancha en tan mal estado es el propio cuadro del chiverío, ya que se trata de un equipo ágil, ligerito, que corre más que ninguno y trata muy bien el balón. Con esas características de juego no se requiere ser un sabio para entender que lo que se necesita es una verdadera alfombra.
En fin, Chivas regresa en 15 días a esta cancha para enfrentar al Monterrey. Parece poco tiempo para resarcir el daño. Yo voto porque regrese el tapetito.
 
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