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¡Qué flojera!

Se jugó la jornada 9 del torneo de liga en el futbol mexicano y la verdad, ya podrían habérsela saltado, puesto que nada aportó a la emoción y a la pupila del espectador.


De entrada, seis empates que ya de suyo hablarían de una paridad extraordinaria de fuerzas en esta primera división, pero que hablando en plata, solo exhibe una tremenda mediocridad, a pesar de las buenas intenciones que salpican a la nueva LigaMx.
Dos partidos acaparaban la atención del respetable: El llamado “clásico joven” del futbol nacional y el feroz enfrentamiento entre el Guadalajara y los Pumas de la Universidad.
Ambos acabaron siendo un fiasco, pese a los aullidos de los narradores por querer meter al espectador a una emoción que no existe en la cancha.
América trae una línea ascendente y por momentos, parece dispuesto a despegar. Sigue dependiendo demasiado de Christian Benítez, como en su momento lo llegó a hacer, toda proporción guardada, de Salvador Cabañas. Sin embargo, se reparte bien el esfuerzo, fabrica llegadas frecuentes de gol y a la defensiva, se conduce con mesura.
Cruz Azul por su parte, es un verdadero galimatías. Presume de no perder pero no puede ganar en casa. Se ufana de una muy buena defensa pero su ataque es raquítico y las distracciones atrás le pueden costar caro, en un momento dado.
Si el empate fue justo o no carece de importancia para el fin primario, que es buscar la explosión en el espectador, el caudal de emociones y que se juegue a rajatabla en todos los sectores de la cancha. No es pedir imposibles, simplemente por eso se trata de un clásico.
Los “expertos” nos endilgarán discursos de lo mucho que está en juego y el por qué los equipos no se brindan a fondo. Me niego a comprar esta verborrea doctoral. Yo voy al estadio o prendo el televisor, igual que usted, para divertirme y emocionarme. Después del sábado, sentí que me robaron.
Lo mismo me pasó en el Chivas-Pumas. Toda una parafernalia periodística que editorializaba los treinta años del cuadro del Pedregal sin ganar en la “Perla tapatía”. ¿Y luego? Algunos de los jugadores que participaron en el encuentro, no habían nacido cuando se generó esta marca sui generis.
Entonces, a lo que deja, al futbol, a atacar, defender, plantear, pero sobre todo, morirse en la cancha, que fue lo único que los futbolistas, salvo la honrosa excepción de Martín Bravo, jamás hicieron.
Tuvimos que soplarnos 85 minutos de sopor para tener un poco de emoción en la recta final del encuentro, penal de regalo incluido a ese “costal de mañas”, que se llama Erick Torres.
Si éstos, que fueron lo rescatable de la jornada, son lo que hay para enseñar, el resto de los bodrios que se jugaron, métanlos debajo de la alfombra y qué pena con las visitas.
Otra semanita de éstas y juro que me cambio de deporte.

apbcarter_1@hotmail.com


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