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¡Oh cielos!

Arrancó la Liga Mx con partidos vibrantes, emocionantes, intensos y algunos incluso, bien jugados. Si la tendencia sigue así, seguramente veremos un torneo pletórico de situaciones gratas para el aficionado, destinatario final de todo el esfuerzo.
Desgraciadamente el arbitraje quedó a deber, con actuaciones muy por debajo del nivel de exigencia no solo del torneo mexicano, sino de lo mostrado a estas mismas alturas el campeonato pasado.
Al margen de que la indisciplina es moneda de curso común en nuestro balompié, para botón de muestra la actitud de Miguel Herrera en el cotejo de su equipo ante el Monterrey, donde se hizo expulsar, armó rabieta negándose a abandonar el terreno de juego y luego, supuestamente “en frío”, durante la conferencia de prensa arremetió de nuevo contra el silbante Ricardo Arellano, lo cierto es que el nivel técnico y de concentración mostrado en la fecha inicial, ha sido caótico.
El ingrediente inicial de un buen arbitraje es la calificación de las faltas. Ahora que la dirigencia federativa ha metido las manos en el gremio de los nazarenos vía una injerencia directa en las designaciones, con el conque de dar continuidad al juego y convertirse en “facilitadores” reglamentarios, los jueces se abstienen de sancionar un sinnúmero de infracciones que van elevando la temperatura en la cancha, propician el enojo del jugador y la consecuente revancha.
Después viene el uso adecuado de las tarjetas. En este rubro la cosa está para llorar, ya que para no hacerse merecedores de un tache por parte de Enrique Bonilla, señor de horca y cuchillo a la hora de asignar los partidos, están cambiando las amonestaciones por regaños y las rojas por tibias y pálidas cartulinas amarillas y eso desorienta a todo el mundo.
Cierto es que antes andábamos en el otro extremo, es decir, se sacaban tarjetas preventivas por todo, pero se debe lograr un justo medio.
La concentración es todo un tema. Cuántas veces hemos visto que un juez le saca la tarjeta amarilla a un jugador que ya está amonestado y los auxiliares le tienen que corregir la plana. Ahora la moda está en equivocarse, con alarmante frecuencia, en jugadas de rutina como saques de banda y tiros de esquina.
El conocimiento reglamentario tampoco es algo como para pensar que nuestros soplapitos sean ningunas lumbreras. En esto hay que decir que son los menos culpables, habida cuenta de la bola de acémilas que pretenden dar la instrucción pero ellos tendrían que preocuparse por prepararse mejor.
Finalmente el valor. La osadía que debe tener un árbitro de categoría para tomar decisiones drásticas y ganarse el respeto dentro y fuera de la cancha. Quizá a los dirigentes no les convengan este tipo de jueces.
Ojalá haya una mejoría, para evitar tener que decir cada semana… ¡Oh cielos!

“Si la tendencia sigue así, seguramente veremos un torneo pletórico de situaciones gratas para el aficionado, destinatario final de todo el esfuerzo.”

apbcarter_1@hotmail.com


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